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lunes, 31 de julio de 2017

FERIA LIBRO MONCOFA 2017


Las playas aman los libros; los libros aman las playas.

¿Nos veremos en MONCOFA?

FIRMA CRIMEN EN LA MANSIÓN HOLDEN



DOMINGO 13 DE AGOSTO:
de 18:30 a 23:00 horas
Librería Bibliomanía

MARTES 15 DE AGOSTO:
de 18:30 a 23:00 horas
Librería Grayskull Cómics



viernes, 7 de julio de 2017

AIRES - TONI MASCARELL TORRES

Aquel libro en la mano, le confería un aire de intelectual sin precedentes. Al musitarle aquellas frases, esperaba que ella elevara su culo en pompa, y se le subiera a la cabeza; aunque, la reacción no fue como se esperaba, y la burbuja Freixenet reventó de aburrimiento.

Texto: Toni Mascarell TorresImagen: Pixabay 



 

DESDE MI VENTANA - JUAN CASERO


Les veía desde mi ventana, ella con una dolencia que le envió el diablo. Su piel no soportaba el aire, solo el agua la calmaba; su vida fuera del agua era como la de una sirena, condenada al dolor. Pasaba horas, días, meses en esa bañera, esa prisión que le protegía del dolor. Él la cuidaba, la acariciaba, le daba de comer, le sujetaba su cabeza para poder dormir; era otro prisionero, pero parecía feliz, siempre sonriente. Le veía leerle durante horas, ella escuchaba. Su mundo eran esas historias, vivía cientos de aventuras, con sus ojos cerrados. Su voz le hacía vivir otras vidas más felices. Sonó el teléfono, él se levantó para atenderlo. Con un poco de la vergüenza de cuando haces algo indebido, tomé mis prismáticos, invadí su espacio, Quería saber cuál era ese libro maravilloso que contenía cientos de historias tan maravillosas. Lo que vi mojó las lentes de esos prismáticos con mis lágrimas, ese libro estaba en blanco.


Texto: Juan Casero
Imagen: Pixabay



 

EMBUDO





Ella era un inmenso mar estancado; yo un simple marinero en un barco de papel.

Texto: Javier García Martínez
Imagen: Pinterest

APRENDER



Texto: Javier García Martínez
 

viernes, 30 de junio de 2017

#FINDECREATIVO02 - PROPUESTA

Aquí empieza #FindeCreativo02.

Ejercicio: escribe la imagen adjunta, con una temática libre: erotismo, misterio... Puntos destacables para desarrollar la creatividad:
-¿Qué le está leyendo?

-¿En qué época y lugar ubicarías la historia?
-¿Por qué ella está tan atenta?
-¿Por qué él no está en la bañera con ella?


En esta ocasión deberemos desarrollar el relato en una página como máximo (recordad titularlo), y podréis enviarlas hasta el próximo jueves, 6 de julio de 2017. ¿Todavía tenéis ganas de participar? ¡Adelante!




jueves, 29 de junio de 2017

SENTIMIENTO MONOCROMO


Cuando el gris roza mi espalda, intentando hacerme el amor sin más alegría que los poros de mi cuerpo exhalando tu añoranza; y pensar que esos recuerdos de arcoíris fueron los causantes de un sentimiento monocromo.

Texto: Javier García Martínez
Imagen: Pixabay

LA MEJOR CUENTACUENTOS DEL REINO - M. CARMEN CASTILLO P.

Me despertó la brusca sacudida de alguien que vociferaba: «¿De dónde habéis salido? ¿Quién sois?» Pensé que se había currado el disfraz, porque aquella peste que desprendía su aliento, aquellos dientes ennegrecidos y el olor corporal en general, no se improvisaban. Abrí los ojos como platos, recordando que me había sentado un momento junto a la chimenea de una pequeña sala, tras una jornada agotadora en el festival de fantasía épica, donde había actuado de cuentacuentos, y me había dormido. Pero aquella estancia no parecía la misma. Se veía nueva y con las paredes oscurecidas por el humo, provocado por las antorchas y las llamas del hogar. No comprendía nada.
Soy la cuentacuentos. Catalina Martínez —les dije, con voz insegura. Debía tratarse de una pesadilla.
Ya veremos quién sois —espetó aquel ser espantoso y maloliente, levantándome de un zarpazo.
Mientras me arrastraba por los corredores iluminados por antorchas, supe que no era un sueño. De alguna manera había viajado en el tiempo sin ayuda de puertas, máquinas o cabinas telefónicas. Sin abandonarme al pánico, pensé con rapidez, mientras el siervo me arrojaba a los pies del señor del castillo, un hombre de mediana edad y aspecto rudo, que me acusó de ser una espía de sus cruentos enemigos. Yo lo negué todo, y con la cabeza bien alta, defendí que era una famosa cuentacuentos, llegada para amenizar el duro invierno, cuando los combates se detenían y los días parecían interminables. El señor me analizó de pies a cabeza. Yo no iba sucia, señal inequívoca de que no procedía de un lugar lejano. Mi aplomo le gustaba y mi profesión le convenía. Decidió darme una oportunidad, pues siempre tendría tiempo de cortarme el cuello.
Aquella misma noche comencé a contar una historia en el gran salón. Era una novela, ambientada en la época medieval, que había escrito hacía años y nunca me habían publicado. Les entusiasmó. Al modo de la inteligente Scherezade, dejé el relato sin concluir, para conservar mi vida hasta el siguiente día. Cuando todo el mundo se retiró a dormir, yo me acomodé junto a la chimenea, para dormir e intentar despertar en el siglo XXI, dejando aquel lugar y a sus habitantes ansiando el final de mi historia, pero no regresé.
Sin perder la esperanza, seguí contando mi historia la siguiente noche, la concluí y comencé otra con igual éxito. Dormí junto a la chimenea cada noche, pero continué viviendo en la Edad Media, sobreviviendo en aquel mundo hostil y oliendo casi tan mal como los hoscos habitantes del castillo. Sin duda era el tipo ideal de mujer, pues era fuerte y valiente. En aquel mundo, una princesita meliflua no duraría ni un asalto. Ayudé a las mujeres en sus duras tareas y a los hombres en sofocar algunos asedios esporádicos que sufrimos antes de que llegara el frío de verdad. Cargar haces de flechas, cubos de pez y piedras para la defensa, subiendo a toda prisa los escalones hasta las almenas, era mucho mejor que una sesión de spinning.
Cuando terminé mi repertorio propio, continué con el Arcipreste de Hita, Chaucer, Bocaccio, Cervantes, Lope de Vega, Calderón y Shakaspeare. Todo aquello que sonara a medieval o renacentista me servía, y si algo no recordaba, lo inventaba, ¿quién lo iba a saber?
Poco a poco me gané una buena fama en el castillo, me premiaron con vestiduras más apropiadas que mi raído disfraz, me obsequiaron algunas joyas e incluso me dieron una estancia, que yo rechacé porque seguía durmiendo junto a la chimenea. Si seguía allí, podía morir de un resfriado, contraer la peste, el cólera o perecer en un ataque al castillo. Debía volver a mi mundo, aunque cada vez me sentía más importante en aquella comunidad. Antes era una simple empleada en una oficina gris y ahora era la mejor cuentacuentos que habían visto jamás.
Sin duda, cuando dejaron de considerarme una espía, el señor del castillo habría hecho valer sus prerrogativas conmigo, de no ser porque uno de sus caballeros, un joven al que debía la vida, se había interesado por mí. Aquel joven caballero siempre me alcanzaba una copa de vino para aclarar mi garganta antes y después de ejercer mi oficio. Se sentaba a mi lado durante las comidas y cuidaba un poco su higiene, pues sabía que eso le hacía grato a mis ojos. Finalmente, cuando se enfrentó a unos esbirros borrachos que intentaron acorralarme en los oscuros pasillos, me ganó para siempre.
Antes de llegar a las mil y una noches en aquel mundo, dejé de apostarme junto a la chimenea, para dormir con mi valiente caballero, con quien me desposé al llegar la primavera.
***
Cuando denunciaron su desaparición, buscaron por todo el castillo, por si se había accidentado entre las ruinas, pero nunca la hallaron. Pasado el tiempo, el cuñado del jefe de policía de la localidad, que era arqueólogo, le visitó en la comisaría y vio un cartel con la foto y los datos de una mujer desaparecida. Le contó que era muy curioso, pues recientemente había hallado unas tumbas en los alrededores del castillo. En una de ellas, tan elaborada que parecía de un personaje principal, yacía una tal Catalina, hija de Martín, la mejor cuentacuentos del Reino, que vivió en aquel lugar y sirvió bien a tres generaciones de señores de aquel castillo.

El jefe de policía se encogió de hombros, pensando que se trataba de una simple casualidad, y no le dio la menor importancia.


Texto: Mari Carmen Castillo Peñarrocha
Imagen: Pixabay


NOBURO - JOSE SANCHIS MEZQUITA

Despertó de manera brusca, violenta, sin respuestas. De inmediato comenzó a toser y escupir agua como si no hubiese un mañana. Durante unos instantes pensó que iba a ahogarse, aunque por suerte para ella no fue así. Recuperó el control de sí misma poco a poco, inspiró y expiró con calma hasta que su respiración se regularizó recuperando a ritmo normal.
Continuó unos instantes tumbada sobre el arenoso suelo. Dejó que sus sentidos se asentaran mientras notaba como el agua iba y venía.
«Una playa», pensó.
Se incorporó con fuerza golpeándose la frente con algo sólido. El impacto la devolvió al suelo, dejándola tumbada, entretanto se agarraba la parte dolorida.
—¡Por todos los dioses de arriba y de abajo! —maldijo entre gritos—. ¿Qué me ha golpeado? —preguntó frotándose la frente.
Levantó las manos y tanteó a oscuras buscando el motivo de su dolor de cabeza. Descubrió unas barras, que por su tacto parecían de madera, que formaban una especie de techo tan bajo que tan solo le permitían estar tumbada.
De repente se dio cuenta de que algo le faltaba.
—¡Atah! ¡Atah! —gritó—. ¿Dónde estás? ¡Atah!
La única respuesta que obtuvo fue el sonido de las olas rompiendo en la costa y llegando hasta ella en forma de líquido mensajero.
—¡Atah! —repitió con tono lastimero.
La desesperación y el miedo se apoderaron de Sansha. No sabía dónde se encontraba o cómo había llegado estuviese donde estuviese. Pero sobre todo no sabía dónde estaba Atah. La perrita no se habría alejado de su lado por voluntad propia, algo debía haberle ocurrido. Algo malo.
—¡Atah! —susurró entre gimoteos.
Detuvo su lastimera autocomplacencia y rebuscó en su interior. Lo encontró y volvió a tantear su alrededor en busca de una salida. Decidió volver a lo que conocía; los tablones del techo. Alzó las manos y desde un cenit perpendicular a su pecho, deslizó la palma por el madero descendiendo por el lateral hasta tocar la arena que se extendía por el suelo. Una llama de esperanza se encendió en su interior y repitió el mismo procedimiento por el otro lado.
—¡Una balsa! —exclamó—. Estoy debajo de una balsa volcada.
El descubrimiento le devolvió las fuerzas perdidas. Con renovada decisión y algo de maña alzó uno de los laterales al tiempo que se deslizó por debajo de uno de los costados. La clara luz de la luna le dio la bienvenida acogiéndola en una reveladora noche. El nacarado astro, grande, completo y cercano iluminaba casi tanto como el sol de mediodía. Ahora podía ver con claridad dónde se encontraba. Sí que estaba en una playa, junto a una balsa que descansaba boca arriba mostrando su panza al estrellado cielo.
No reconoció el lugar, pero sí el bastón que permanecía semienterrado a escasos metros de ella. Era su cayado, con el emblema del clan Noburo. Su clan. El orgullo afloró en su interior.
Por extraño que pareciese, la sensación de abrazar aquella arma entre sus manos, le confirió tal seguridad que de inmediato se encontró preparada para enfrentarse a cualquier adversidad.
Ahora sabía qué debía hacer.

—¡Atah! —bramó al cielo—. Estés, dónde estés voy a encontrarte y nada ni nadie va a detenerme —sentenció.


Texto: Jose Sanchis Mezquita
Imagen: Pixabay


lunes, 26 de junio de 2017

SILENCIO - ISRAEL QUEVEDO PUCHAL

Sombras, noche a raudales. Paz mentirosa tras la que se agazapa una amenaza latente. Océano de silencio roto por un lejano gemido, hastiado y débil, que promete languidecer poco a poco hasta la extenuación. Una gota, y luego otra, y otra, repiqueteando sobre alguna clase de aluminio con la constancia de un reloj que nunca para. Nívea luz de luna derramada a través de una sucia ventana, tamizada por la suciedad de unos cristales a los que nadie prestó atención en mucho tiempo.
Estiro el cuello e intento escuchar a las sombras. Sé que quieren hablarme, que lo hacen, pero también sé que no entiendo su lenguaje. Articulan un carrusel de consonantes susurradas e imposibles engranadas una tras otra, empeñadas en arrastrarse hasta lo más profundo de mi mente como una procesión de secretos inconfesables. A veces creo que se ríen de mí, pero no me molesta. Sé que algún día las entenderé.
La diosa Selene también se mofa de mi ignorancia. Ni siquiera permite que la luz de sus cabellos argénteos acaricie mis pies descalzos. Intento estirarlos, acostado como estoy, pero no logro llegar a ella. Algo parece retenerlos contra mi voluntad.
Levanto la cabeza para ver qué es lo que me impide bañarlos en su luz, pero no puedo incorporarme. Mis brazos también encuentran alguna clase de impedimento, y no entiendo por qué. No lo recuerdo.
Vencido, recuesto la cabeza sobre la almohada y clavo la mirada en el techo. Está sucio y desconchado, y el creciente velo de oscuridad hace que se asemeje a una carta geográfica de humedades y humo de cigarrillos.
La habitación huele a orín y a lejía, y no llego a decidirme sobre cuál de los dos va ganando.
Un rayo de luz perfora la noche y atraviesa los cristales sin romperlos. Recorre la pared como un cometa y desaparece engullido por las sombras. Oigo el motor de un vehículo que se esfuma con la misma rapidez con la que ha llegado. Luego vuelve el silencio, que parece haberse vuelto más consistente, como si hubiese regresado para quedarse.
La oscuridad vuelve a susurrarme, y empiezo a entender algunas de sus palabras.
«Hazlo». «Mátalos». «Ahora».
Lo que dicen no me da miedo. Las sombras lo desean, y de algún modo yo también.
Alguien abre la puerta de la habitación. Su silueta se recorta contra la luz que viene del otro lado, una luz amarillenta y triste. Una luz tan macilenta como las llagas de una enfermedad desconocida.
—¿Está dormido? —me dice la silueta del umbral. Tiene cuerpo de sombra, y no veo su rostro. Puede que no lo tenga, pero no me da miedo.
No respondo. No tengo ganas de hacerlo, al menos no como él espera. Aguardo expectante mientras las sombras me siguen hablando, y sé que solo yo las oigo. Mejor para él. Mejor para mí.
«Hazlo». «Mátale».
La silueta se aproxima hasta mí y se deja la puerta abierta. Con la luz enfermiza a sus espaldas, sigue siendo una sombra sin rostro. Llega hasta la cama sin encender ninguna otra luz, y agacha la cabeza para oír mi respiración. Lo ha hecho otras veces, y le hago creer que ya estoy dormido.
«Ahora». «Hazlo».
Le muerdo en el cuello. Lo hago con todas mis fuerzas, y siento el gusto salobre y áspero de su carne entre mis dientes, y su cálida sangre inundando mi boca.
Grita, pero casi no le oigo. El clamoroso jolgorio de las sombras convierte aquella habitación en una especie de circo romano, y eso me gusta.
El hombre cae al suelo, y saco fuerzas de no sé dónde para romper las correas que sujetan mi mano izquierda. Luego libero la derecha, y después mis piernas.
La melena de Selene, desparramada sobre el suelo de la habitación, se empapa en la sangre del gladiador vencido. Llevaba puesta una bata de medio cuerpo y pantalones blancos, y zapatos del mismo color. El rojo hará que cada vez sea menos blanca.
Me pongo de pie, y baño mis pies en la fría luz de luna y en la cálida sangre. Hermosa combinación.
Miro hacia la puerta. Odio esa luz macilenta. Me recuerda que el mundo que hay afuera es enfermizo y dañino. Ahora recuerdo por qué estoy aquí.
«Mátalos». «Ahora».
Ahora soy yo el que ríe. Las sombras siguen coreando mi nombre mientras me dirijo hacia el pasillo. Acabo de recordar que me gusta el sabor de la sangre. Casi lo había olvidado.


Texto: Israel Quevedo Puchal
Imagen: Pixabay


domingo, 25 de junio de 2017

CON EL SOL EN LA CARA - CARMEN MENEU

Despierto con el sol dándome directamente en la cara. Me parece extraño pues siempre cierro la persiana a cal y canto. Intento abrir los ojos, lo que me supone un gran esfuerzo. Cuando consigo entreabrirlos un dolor en la sien hace que me lleve las manos a la cabeza. Noto algo pegajoso en mi pelo. Sorprendida, miro a mi alrededor y veo que estoy en el suelo, en un rincón de lo que parece ser una nave abandonada.
—Vaya, ya te has despertado me dice un viejo desdentado.
Mi expresión debe ser de aturdimiento porque vuelve a dirigirse a mí con su sonrisa agujereada
—No te acuerdas de nada, ¿verdad?
No recuerdo cómo he llegado hasta aquí. No sé por qué no estoy en mi habitación. Sé que hace unas semanas perdí el trabajo después de más de diez años. Era un gasto que mi jefe debía suprimir, algo así fue su motivo, una cuestión de números. Sé también que empecé a beber más de la cuenta cuando una semana después vi a Carlos en su coche aparcado besando a una desconocida. Él no me vio, fue una casualidad que yo pasara por aquella zona, a la que nunca voy. Entonces me vinieron a la mente todos los momentos en que él se encerraba en el baño con el móvil en la mano, todas las veces que empezaron a lloverle los trabajos extra en horarios intempestivos. Cuando llegó a casa ese día, le dije que cogiera sus cosas y se largara. No pude hablar con él, a pesar de sus ruegos. No pude.
Empiezo a recordar. Anoche conocí a un tipo atractivo en el pub. Yo llevaba ya unas cuantas copas, como de costumbre últimamente. Me llevó a su casa y nos acostamos. No sentí nada, sólo una inmensa rabia hacia mí misma por no sentir satisfecha mi necesidad de venganza. Me marché de allí caminando, cuando, de repente, me sobrevino un terrible cansancio, de mí, del mundo, de Carlos. Entonces vi un banco y, al ir a sentarme, todo el alcohol que hasta ese momento estaba agazapado en mi sangre, salió en forma de tropiezo con el asfalto. Recuerdo ahora que me golpeé la cabeza en el banco al que nunca llegué a sentarme.
Me vuelvo a llevar las manos a la cabeza. Las miro y veo que lo pegajoso es sangre que ya se ha secado.
—¿Recuerdas ahora? —Me dice el viejo
En realidad no es tan viejo, puede que sólo tenga unos años más que yo.
—¿Me trajiste tú aquí?
     —Sí, te vi tropezar y caer. Te hubiera llevado a tu casa pero sólo pronunciabas balbuceos ininteligibles. Estabas llorando y no te quise dejar sola. Ya ves que mi casa no es muy acogedora ni lujosa —me dice con su triste sonrisa.
   No puedo dejar de sentir un agradecimiento infinito hacia ese desconocido. Puede que sea un sin techo, pero qué más da, al fin y al cabo. Qué más da eso cuando he conocido a gente sin alma.

Texto: Carmen Meneu
Imagen: Pixabay


LA MECEDORA - FELISA BISBAL


Incluso antes de abrir los ojos, soy consciente de hallarme en un lugar desconocido. Demasiados años dedicados a la alta cocina para no utilizar el olfato como sentido principal. No huele a nada que yo recuerde ni remotamente. Me siento zarandeada y no son los malditos vértigos que me persiguen desde hace un año, este lugar se mueve y pienso inmediatamente en un barco pero eso es imposible, completamente imposible. ¿Un terremoto? No, claro que no. Abro los ojos lentamente y, aunque está oscuro, a mi derecha percibo la silueta de un árbol que no reconozco. Huele a laurel pero no estoy en mi cocina. Una extraña silueta de mármol grisáceo me observa impertérrita. Ahora ya estoy asustada, no me atrevo a moverme y me sigo balanceando inexplicablemente. Veo una ventana sin visillos por el rabillo del ojo y de frente cuatro o cinco escalones de madera vieja con aroma de putrefacción que se parecen a mi hogar si le hubiesen caído de repente cien años de lluvia y viento. Tiemblo, las lágrimas se deslizan por mis mejillas, debería ir al trabajo pero no sé donde estoy ni como he llegado hasta aquí. De repente, se enciende una luz a mis espaldas, el miedo me paraliza.

      —Abuela, ya te has vuelto a dormir en la mecedora. Vamos dentro que te vas a resfriar.

Texto: Felisa Bisbal
Imagen: Pixabay


UNA COPA MÁS

Desperté en el mismísimo infierno, con la horrible sensación de no poder respirar; intenté llenar los pulmones con aire fresco. ¡Qué ingenuo ahora que lo recuerdo! Lo único que logré inhalar fue la muerte, perfumada con el azufre de todas aquellas almas endemoniadas que desfilaban una tras otra entre las llamas, afligidas por el duro calor, entre  penosos cánticos al verse perdidas en aquel maldito lugar. Intenté aflojarme la corbata, y entonces fue cuando descubrí que mi cuerpo ya no era mío; de hecho no tenía torso, ni brazos, ni piernas, ni pies… simplemente era un trozo de carne podrida, que a duras penas se mantenía erguido. En ese momento lloré, las lágrimas se convirtieron en ácido, quemaba a su paso lo poco que quedaba de mi rostro, sin compasión; si estaba muerto, el dolor decía lo contrario, era insoportable. Una de aquellas tétricas almas abandonó el desfile y vino hacia mí. Destacaba de las demás por su enorme estatura. Con cada paso, el hedor a putrefacto se hacía más insoportable, supongo que si no vomité fue porque tampoco tenía estómago para hacerlo. Tras escuchar su voz empecé a comprenderlo todo.

      —Te sobró la última copa…
—¿Dónde estoy? —pregunté sollozando.
    Al ente mis preguntas le parecieron absurdas, lo demostró riéndose a gusto, con tanta malicia que en su cara se dibujaron dos ojos de fuego.
     —Estás donde debes. Siempre dijiste en vida que te gustaría terminar en el infierno. Ahora que estás aquí no se te ve especialmente contento —volvió a reír. Lo hizo de una forma tan exagerada que el resto de almas miraron hacia nosotros. Ellas hicieron lo mismo, las miles de risas caldearon aún más las llamas del infierno.
  —¡No entiendo nada! —dije desesperado— Recuerdo estar sentado frente la barra de un bar de carretera, maldiciendo mi vida,  y…
       El demonio soltó una carcajada. Parecía conocer la historia, disfrutaba con cada segundo de mi agonía.
     —Sigue, parece que vas recordando —me sugirió.
  —Entonces entró ella, la mujer más exótica y extraña que he conocido. Me pareció raro que se enfilara directamente hacia mí. Recuerdo que me quitó la bebida, y me susurró al oído que ya había bebido bastante. Después simplemente se marchó de allí, salió del garito con la copa en la mano.
     —Malditos ángeles —me pareció escucharle decir, en lo que fue un leve susurro. Me pidió que no detuviese el relato.
    —Nunca he sabido aceptar los buenos consejos, pero esa mujer me transmitió confianza. Así que saqué la cartera para pagar y regresar al motel en el que me había hospedado para aquel viaje de negocios. Sí, eso, fue un billete de los pequeños, pero entonces apareció él.
      —Un tío apuesto e interesante, supongo —añadió el demonio con sorna.
    —Exacto, y pidió dos copas más; una para él y otra para mí. Conocía mis gustos, a esas horas de la noche fue inevitable rechazar el Jack Daniel’s. ¡Espera un momento! Su risa…la tuya; ¿fuiste tú, maldito?
      Incluso allí en el infierno, para los malos espíritus el tiempo era muy valioso, pareció alegrarse de que al fin se diera cuenta de la jugarreta.
      —Gracias por el piropo —añadió una vez más con un tono jocoso—. Ten en cuenta que te ayudé, y no me has dado las gracias —volvió a reír una vez más.
    Jamás en la vida había sido un hombre llorón, pero en ese momento volví a sentir quemazón en mi cara. Si ese había sido mi final, me pareció absurdo morir por una copa. Me sentí confuso.
     —¿Cómo terminó todo para acabar aquí? ¡Me es imposible recordar el final!
     —El alcohol y el volante, es una buena ecuación para llegar aquí. Nos resulta tremendamente sencillo embaucar a los alcohólicos con penas, el infierno está plagado de ellos.
       No quise resignarme, así que rebatí.
     —Nunca he sido mala persona. Me parece ridículo acabar aquí por un simple accidente de tráfico. ¿Acaso no tengo derecho a un juicio?
     —No fue tan sencillo. Además, por lo que me has contado un ángel intentó ayudarte, y tú solo te condenaste.
      —¡Bastante tuviste que ver tú!
    Le resultó graciosa la acusación. Quiso terminar de una vez la conversación, tenía demasiado trabajo allí abajo.
   —Sí, mi ayuda sirvió, pero fue mucho peor la inocente vida que te llevaste por delante. El cuerpo de aquel niño de seis años que terminó entre las ruedas de tu coche, llorando y pidiendo la ayuda de su mamá, fue en realidad tu condena.
    No recordaba ese final porque no vi al chiquillo, pero tras esa declaración, si es verdad que me vino a la cabeza los gritos de angustia de una madre que veía como su hijo jamás volvería a estar entre sus brazos. Justo en ese momento fue cuando acepté mi penitencia, era imperdonable todo lo sucedido. Me sentí muy sucio. Mis penas acabaron por destrozar a una familia que nada tenía que ver conmigo.
       —¿Y ahora qué?  —pregunté humillado.
       Me hizo una indicación con su aura de fuego.
     —Ponte en la cola, aquí en el infierno tampoco nos libramos de ella —volvió a reír por última vez, mientras regresaba a su puesto.

    Respiré por última vez lo que fue la sensación de libertad. Miré hacia arriba, esperando encontrarme con el claro del cielo. ¡Una vez más fui un tonto! No habían nubes, ni estrellas; el fuego se extendía por todas partes de aquel lugar. Empecé a andar,  tras cada paso fui perdiendo todo lo que me quedaba de humano: mi cuerpo terminó por descomponerse. Cuando llegué al sitio, me convertí en una figura de fuego, pudiente y podrida como el resto. No fue el fin, sino el principio de una eterna agonía que tenida merecida por un último trago que jamás debí haber dado.


#FINDECREATIVO 1.0 - PROPUESTA

Me rondaba la idea en la cabeza desde hacía mucho tiempo, pero al final me decidí y ayer convoqué la primera edición de #FindeCreativo. ¿En qué consiste? Es sencillo, se trata de una propuesta literaria que lancé a través de Facebook. El tema es practicar la escritura a través de ejercicios creativos, con la suerte de que en esta primera convocatoria se han sumado varios amigos. 
Este es el primer ejercicio que se ha planteado. Próximamente publicaré aquí los relatos obtenidos:



La canción del día va dedicada para mis amigos escritores de fantasía: M Carmen Castillo PeñarrochaJose Sanchis MezquitaIsrael Quevedo Puchal. ¡Give It Up!
Ejercicio para este #FindeCreativo: imagina que despiertas en un lugar que no conoces. A partir de aquí, desarrolla tu relato. ¿Os apuntáis Felisa BisbalNina PeñaCarmen Meneu, los nombrados arriba y todos los que queráis? Si es así, podéis escribirlo y pegarlo aquí. ¡Lo comentaremos entre todos!

viernes, 23 de junio de 2017

AMARTE EN BLANCO Y NEGRO


Me gusta amarte en blanco y negro, descubrir esa nostalgia que siempre me ha ayudado a desearte en secreto, disfrazado por la cotidianidad del ir y venir ante tus ojos; pensar que tú no lo sabes y me sigues regalando esa sonrisa eterna en bicromía, anclada en ese mismo pasado en el que los cigarrillos permanecían en los labios con la única intención de seducir, así, sin más, sin ningún bolero de por medio; me gusta amarte en blanco y negro, y por lo menos saber que nuestra historia, la mía más bien, a quién quiero engañar, siempre será como aquella delicada pero complicada película de los años treinta, con un beso final que habré convertido en una ficción monocromática.

Texto: Javier García Martínez
Imagen: Pixabay



miércoles, 21 de junio de 2017

OLA DE CALOR




De caricias
vive la pasión;
de momentos clave
y miradas en paralelo
que la forjan;
de ardientes deseos
en cuerpos que claman
la humedad de las lenguas...
y ahí, cuando germinan
las ganas con la lujuria,
nace de mí, nace de ti,
la estúpida sonrisa
de un polvo pasajero.

Texto: Javier García Martínez
Imagen: Pixabay

domingo, 18 de junio de 2017

LABIOS CREATIVOS


Técnicamente era una mujer muy creativa con sus labios.


Texto: Javier García Martínez
Imagen: Pixabay

QUERER SOÑAR

Sobre la mesita de noche descansan las ganas de anidar mis sueños en tu boca.


Texto: Javier García M.
Imagen: Pixabay

domingo, 11 de junio de 2017

UÑAS DE GEL

Ayer te vi; tú a mí no porque suelo ser muy cristalino, pero eso no fue lo importante. Te miré de reojo, con mucho cuidado para no delatarme. No pude quedarme con tu cara, pero te imaginé por culpa de tu largo e insinuoso cabello negro que cubría tus orejas...todavía lo sigo haciendo. Perdura el agradable olor de ese perfume que escogiste de forma muy selecta, con un toque dulce, avainillado, con la única intención de cautivar a cualquiera que se cruzase con tu paso; soy un glotón y caí. Me pareciste una mujer muy coqueta, vestida con un bonito color oliva que dejaba bien visible tus morenas y largas piernas. Ocultabas tus pensamientos tras las oscuras gafas de sol; y después, tu lenta y relajada respiración, convertidas en un movimiento muy sensual, mientras cada suspiro empezaba con el vaivén de tus pechos para terminar en las puntas de las enormes uñas de gel que estaban preparadas para arañar. Fue justo ahí cuando me rajaste el corazón sin mediar palabra, porque en ese mismo instante te volví a imaginar; tal vez por eso lo hiciste, te cruzaste en mi pensamiento. 


Texto: Javier García Martínez
Imagen: Google


ENTREGA PREMIOS PRIMER CONCURSO RELATOS CORTOS FAMPA PENYAGOLOSA

Ayer por la mañana se celebró en la Librería Argot la entrega de premios del Primer concurso de relatos cortos de FAMPA PENYAGOLOSA. Damos las gracias al Ayuntamiento de Castellón (especialmente a su Regidora de Cultura, Vero Ruíz, por asistir al acto), a la Consejería de Educación de la Generalitat Valenciana, a la Confederación Gonzalo Anaya, a la Librería Argot, al grupo musical "Trobadorets", a Leonor Pla y a Javier García por ser miembros del jurado. Pero por encima de todo, agradecer a las niñas y niños que han participado.

1r Premi - Flying una escola d'alts vols ( Raül Manzanet - 6 PRI - CEIP Botànic Calduch - Vila-real)
2n premi - L'escola de Remy Bombillas (Adrià Toumi Comos - 5 PRI - CEIP Santa Àgueda - Benicàssim)
3r Premi - Números sense lletres i lletres sense números (Sofía Albiol Vidal - 6 PRI - CEIP Cervantes - Vila-real)
Accesit especial para Xinca el gran Enginyer (Lluís Rul Marin - 5 PRI - CEIP Cervantes Dualde - Betxí)
Agradecer también a Violeta Alcacer, Lídia Altava, Marta Alvarez, Hugo Lapieza, María Jiménez y Joel Bonilla, del CEIP Antonio Armelles, por los dibujos tan bonitos que han hecho.


domingo, 4 de junio de 2017

NOIR IS BLACK (PRESENTACIÓN EN ONDA)

El pasado sábado, día 3 de junio, tuve el gusto de presentar en la Fira del Llibre d'Onda esta colección de novelas de género negro. En concreto hablé de los dos primeros libros de la colección: "Juan, el Gancho", del escritor Jose Sanchis Mezquita, y de "Saber que vas a morir", del local Israel Quevedo Puchal. Son dos libros turbios, muy alejados entre sí, que prometen un par de tardes (por su extensión) de entretenimiento. Recomendado para todos los amantes del género noir, y para aquellos que les gusten los misterios y las historias con un ritmo frenético. 





martes, 30 de mayo de 2017

32a FIRA DEL LLIBRE D'ONDA (CRÓNICA Y MOMENTAZOS)


Presentar en Onda mis libros siempre es especial; regresar a casa tiene esa esencia de nostalgia que me embriaga cada vez que recuerdo mi niñez en el pueblo. De ahí parte mi aventura como soñador y narrador de historias, aunque este cuento entrañable ya lo he contado en numerosas ocasiones. Quiero agradecer a todas las personas que hicieron posible la presentación, y antes de empezar a enumerar, resalto la amabilidad del escritor Israel Quevedo Puchal por introducir el acto; Ayuntamieto de Onda, especialmente a la Concejalía de Cultura, con Lluís Pastor y Encarna Ribes como representantes, y a la organización de la misma feria; a compañeros, amigos (esos que nunca se olvidan de uno y de sus sueños), y a la familia. A esas personas que nunca han oído hablar de ti, y te descubren en ese mismo momento que intentas hablar de tu libro sin destriparlo: ¡Gracias! Y como sabéis que no soy de muchas palabras, os adjunto unas fotografías para que veáis con vuestros propios ojos ese momentazo de felicidad. ¡Una vez más, agradecido!