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viernes, 3 de junio de 2016

APRENDER A VOLAR

Tus palabras
ya no se acuestan conmigo;
sufren el duro frío
de aquel temido Febrero,
en el que aprendí a volar
con el orgullo en el estómago.
No significa que te haya olvidado,
sino más bien el recuerdo,
o tal vez la melancolía,
por haberme sentido amado.
Ahora, ese intenso frío,
me corta los labios al hablar
de ciertos sentimientos crudos
que aquella tarde abandonaste
sin más derecho que poder soñar,
con tu cuerpo desnudo.
Tan sólo eso es lo que ha quedado.





(C) JAVIER GARCÍA
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