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martes, 31 de marzo de 2015

UNA CARTA CLARA

UNA CARTA CLARA

«Buscando el sol»
— El Pescao 

Hoy me he decidido, te he escrito una carta. Quiero dejarte claras muchas cosas, desahogarme, por eso la he redactado en Word: Times New Roman, 12, con interlineado sencillo, para poder decirte mucho más en menos trozo.
         Hoy estoy solo. Al fin he podido comprobar lo que es no sentirte en ningún momento del día. Te puedo asegurar que se pasa mal, no sé si tú habrás notado lo mismo. Me he dado cuenta, aunque ya lo sabía de antemano, que no puedo estar sin ti. Se me deshace el estómago saber que ya no estás aquí, conmigo. Mis tripas bailan al son de la melancolía, y tengo que decirte que no es una extraña esta sensación, meses atrás ya la experimenté, cuando tuve la suerte de conocerte. Me siento bien, aunque frustrado, pero saber que estás luchando por lo que te conviene, me alegra. Siempre fuiste una luchadora, aunque no por ello soñadora. Por eso a veces siento un estado agridulce, por haber sido sumiso de tus sueños y saber qué es lo que quieres y piensas. Me enamoraste con tu primera sonrisa y te seguí con cada uno de tus sueños.
         Sé que para ti no ha sido fácil, me quieres, o eso me dijiste cuando mis labios se posaron en los tuyos, en esa mañana en la que la naturaleza fue el único testigo de nuestro amor. Mucho antes, yo ya te amaba, pero hasta ese momento no tuve el valor de acariciarte.

         Estoy solo, o al menos eso creo, pero en el fondo sé que tú piensas en mí. No me preocupo por ti, sino por lo que supones para mi vida. Ahora creo que te escapas, y eso le resta fuerza a mi sentido de seguir en adelante con todo lo que había proyectado. Seré un egoísta, pero tus labios de azúcar me han vuelto ciego. Sé que no soy consciente, que no veo la realidad: tú estás y seguirás estando. Yo también, aunque mermado al no sentirte tan cerca. No hay ora opción, es lo mejor para ti, aunque no para los dos. Te amo, aunque ya no estés a mi lado.

domingo, 29 de marzo de 2015

EL ÚLTIMO TREN


Todavía recuerdo nuestro último adiós, antes de que el tren marchase. Fue tan especial como el primer beso que nos dimos, el principal indicio de nuestro amor. Por mucho que quisiese olvidar nuestro triste destino, me es difícil borrar de mi cabeza esos luceros llorosos. No te sientas culpable por ello, es cosa del destino, y contra este, nada se puede hacer. Tan solo quiero que me recuerdes como la persona que he sido a tu lado: un hombre enamorado de tu belleza. Puedes olvidar todo lo demás si lo consideras oportuno. Se marchó el tren, tras la última bocina, y quedé vigilando como tu vagón se perdía sobre el horizonte. Mientras tanto, ya te añoraba y escribía esta misiva en mi mente.



VERSÁNDONOS LA BOCA.

VERSÁNDONOS LA BOCA

«Que el ritmo no pare»
— Patricia Manterola 



Empecé un poema al que pronto se unieron tus versos. A partir de la segunda estrofa perdimos la métrica: la rima fue dictada por nuestras lenguas.





ENTREVISTA EN "PORTAL DEL ARTE".

La semana pasada tuve el placer de responder a una interesante entrevista que me hizo "Portal del Arte". 




martes, 24 de marzo de 2015

HIBERNANDO

HIBERNANDO

«Maggie, despierta»
— M-Clan 


Nada cómo sentir tus dedos entrelazados en los míos, tú y yo cogidos de la mano. Ahora despierto y veo que me has soltado. Dices que nos une todavía el amor, pero ya no se desliza por nuestra piel. Quizá esté hibernando para resurgir en una nueva temporada. Quiero pensar que despertaremos deseosos de compartirnos como antaño. O tal vez, ese es mi sueño, y en realidad únicamente vuelva a llover sobre mojado. No lo sé, por el momento me aferro a no despertarme.


LA CARRETILLA

LA CARRETILLA

«Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000»
— Los Inhumanos 

Y si os dijera que se pueda hacer La Carretilla en un Seat Ibiza, ¿me creeríais? ¡Se puede! La receta es bien sencilla, y los ingredientes fáciles de aliñar. ¿Has cogido bolígrafo y papel? Pues toma nota. En primer lugar hace falta tener un sueldo de mierda para comprarse un Ibiza. Sí, es mi coche, me saca de mis apuros, pero joder cómo envidio el Audi del vecino del quinto. En segundo lugar y uno de los puntos más importantes, es tener los cojones muy calentitos, a punto de estallar. Reconozco que mi vida sexual es como mi bolsillo, muy pobre. No tengo pareja por lo que mojo el churro cuando se presenta la ocasión. Aunque es cierto que casi siempre al final siempre me echa una mano mi amiga Manola, la de la derecha. En tercer lugar, y no menos importante: una mujer dispuesta a acostarse contigo sin hacer demasiadas preguntas. Porque la verdad, este tipo de mujer al final te acaban sonsacando que tienes un Ibiza y que a tus treinta y tres años todavía andas viviendo en casa de tus padres. Subráyalo en rojo: si te pregunta a qué te dedicas, tírale a otra. ¿Qué sale si juntamos todos los ingredientes en una noche en la que el alcohol te quita las vergüenzas? Imaginaos, os pongo en situación:
Discoteca Sökö, cinco de la mañana. Es absurdo realizar un balance de los cubatas que te has tomado. ¿Para qué? Ya llorarás por la mañana cuando te conviertas un experto en microeconomía y veas la cartera vacía. Diriges la vista hacia la chavala del fondo. Sí, esa que toda la noche te ha estado desafiando con la mirada pero a la que no le has dicho nada porque hay más “ganado”. De ganado nada, las has perdido a todas. Te acercas todo bolinga a la última esperanza de pegar un polvo esa noche. “¿Sabes que eres la reina de mis ojos? “. Sí, chaval. Te has lucido. Esa barbaridad de tiempos de antaño la has soltado tú, con los dos cojones que Dios te puso. Pero  tranquilo, no pasa nada. Los cubatas te han echado una mano para evitar decir eso de “Tierra trágame”.
A ella le has molado. De hecho su sonrisa no ha dejado de mostrar su dentadura desde que estás a su lado. Y para que engañarte, la tía no está mal: dos enormes ojos a conjunto con sus dos enormes tetas; entonces piensas ya en hincarle el diente.
La invitas a resopar chocolate con churros. “Tú pones el chocolate”, le dices mientras ella te sigue el juego con su risa. ¡Eres un crack!
         Salís de la disco, dejando atrás a las “amigas lapa”. Ella sube al Ibiza, y cuando lo hace te pregunta: “¿Dónde vamos, Jorge?”. ¡Coño! ¿Ha dicho tu nombre? No puede ser, en las cacerías siempre sueles usar nombres falsos. Te ha debido pillar desprevenido. “A ti te llevo a ver las estrellas, preciosa”...¡olé tus huevos de nuevo, so mamón! Deberías decirle a tu madre que no pusiera tanta novela rosa en la tele.
         Encuentras el sitio ideal, como en las pelis. Un pedazo escampado bajo el raso nocturno. Sí, con estrellas y todo, para tener contenta a la chavalita. En serio, tío, eres un romántico aunque te cueste creerlo. La miras, te devuelve la mirada. Vuestras sonrisas son las cómplices para iniciar el magreo. Tus manos se pierden bajo su camiseta, y estás en lo cierto, aunque sólo alcanzas a resoplar: “uffff”. Ella se encarga de quitarte la camiseta, y dado que te ha encontrado torpe para deshacerte del sujetador, decide hacerlo por ti: “¡Victoria!”, piensas; aunque ese no es su nombre. Si te lo dijo, se te olvidó. Eso es una putada para despedirse  de una mujer tras un polvo. Te fijas en ella, tiene un bonito físico. Te resultan fascinantes sus pechos: blanquitos y repletos de bonitos lunares. Entonces empiezas a sentir calor, tu abultada entrepierna te lo hace saber. Tus manos se lanzan sobre ella, le quitas con rapidez el pantalón: ¡wow! Un diminuto tanga de color negro te recuerda que tienes instinto fetichista. Se lo quitas, pero poco a poco, despacio. Lo deslizas por sus piernas, también blancas, y te quedas con el premio entre las manos. Lo miras intentando que no se te olvide ningún detalle de la prenda, entonces ella llama tu atención: “¿Qué haces?”, pregunta esperando con las piernas abiertas. Te acercas hasta ella y ves que te da la bienvenida unos labios inferiores despoblados. No te lo piensas, entras con la mayor delicadeza. Poco a poco tu miembro se confía y las embestidas son más rápidas. Hasta ese momento ella no se ha dado cuenta de lo pequeño que es tu Ibiza, así que propone cambiar de postura. Sugieres La Carretilla. “¿La Carre qué?”, pregunta alucinada ante lo que acaba de escuchar. Pero tú envalentonado la dominas. Haces que se eche su cuerpo a lo largo, entre los dos asientos delanteros, por encima del freno de mano, el cual te has encargado de bajar un poco para que no se haga daño. Tú desde atrás, entrando y saliendo mientras ella gime. Cuando a punto estás de soltar todo lo que has estado conteniendo durante la noche, notas un pinchazo en la zona lumbar. Te acaba de dar un tirón, mientras tienes tu churro juega en plena erección dentro de ella. “Ahhhhhhhhhhhhhh”, gritas. Ella te dice que es el grito más orgásmico que jamás ha escuchado en un polvo, pero tú sonsacas la valentía mientras una lágrima cae por tu mejilla. “¿Qué te ocurre?”, pregunta ella. A lo que tú respondes que ha sido cosa de la emoción. ¡Mentira! Ha sido el peor polvo que recuerdas en tiempo, y has llorado como una nenaza.

         Y si os dijera que se puede hacer La Carretilla en un Seat Ibiza, ¿ahora me creeríais? Sí, se puede. Pero corréis el peligro de deslomaros y estar una temporadita inactivos. Os lo digo yo que llevo dos semanas con mi amiga Manola. Sí, la de la derecha.