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domingo, 6 de diciembre de 2015

SIGO BUSCANDO


Resulta que ya absolutamente nada es como antes. Ni los recuerdos, ni las sensaciones. Los sueños hace tiempo que se perdieron por algún lugar de mi cabeza, y eso me resulta muy desagradable. Quizá haya sido el tiempo el encargado de despistarlos. Como consecuencia me he convertido en un hombre vivo pero carente de emociones. Aunque no por ello soy un autómata, pues hay un recuerdo que me hace revivir la esencia del ser humano: el amor que ella un día antes de partir a París me regaló. Me es difícil, por no decir imposible, olvidar esa vivencia. Aún más cuando todavía puedo sentir sus manos descansando sobre mi pecho. El vaivén de nuestros cuerpos provocó una tormenta de sentimientos. Amor, mucho amor es lo que llovió sobre nosotros en aquella noche tan especial. Alguien descubrió nuestra hazaña y justo antes de que la tempestad cesara, nos vimos obligados a escondernos en aquel conducto del aire. Allí dentro, el poco espacio y los roces provocaron el regreso de sus besos. Sus caricias se convirtieron en peregrinas recorriendo el amplio desierto que mi piel ofrecía a sus manos. Me dejé hacer, me convertí en la presa perfecta hasta que el tiempo se encargó de dar fin a la experiencia. Como de costumbre, fue un miserable el que se interpuso en mi vida y nos separó. Ella se fue, pero no del todo sola: una parte de mi pudor siempre estará junto a ella contemplando la Torre Eiffel. Después de tantos años, todavía sigo ojeando de vez en cuando aquel conducto del aire con la esperanza de volver a encontrar algunas de las cosas que esa noche perdí.