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miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL PRINCIPITO

EL PRINCIPITO.
(c) Javier García Martínez

Lo recuerdo a la perfección. Cristina estaba en la Plaza de Almudín, rodeada de amigas y sonriendo; algo bastante común en ella. Ojeaba los puestos de artesanía, escudriñando el género, buscando algo para comprar.  Yo hacía lo mismo desde la distancia, pero con un objetivo muy distinto: pasar desapercibido mientras la miraba embelesado por su belleza.  Me gustaba, nunca lo negaré. Porque fue un amor precoz que jamás fue correspondido. En realidad sus sentimientos hacia mí no estaban claros, pero yo no pude evitar sentir la punzada de la flecha del amor. Además, cuando su sonrisa se cruzaba con la mía, delataba la enorme complicidad de dos muchachos que compartían una afición en común, la lectura.

      La perdí de vista un rato, mientras yo rebuscaba entre un montón de libros. Luego sentí una mano sobre mi hombro. Al girarme lo comprobé: una sonrisa, una luz; era ella.

         —¿Qué haces? —me preguntó.

Avergonzado ante todas sus amigas, me limité a encogerme de hombros y sonreír.

Se acercó hasta mi lado, mientras el resto de chicas quedaron detrás. Por lo visto los libros no les parecían interesantes, y hacía rato que se habían fijado en el guaperas de Onofre, el chaval más ligón del pueblo. Con Cristina a mi lado, pude apreciar un ligero aroma de colonia en su pelo. Ante la pequeñez del puesto, nuestras manos se tocaron. Lo estaban deseando. Ella se giró hacia mí,  me regaló otra de sus risas. Justo antes de poder hablar, cogió un libro del montón y me lo ofreció.

—Te gustará… —dijo sin decir más, regresando junto a las muchachas que seguían babeando.

La observé marchar, inmóvil, con el libro en mis manos. Cuando desapareció de mi vista, leí el título de la portada: «El Principito».

No pude evitar sonreír ante el piropo más literario que jamás he recibido. Desde entonces me convertí en un príncipe pequeño con una misión un tanto difícil. Las princesas ya no son como las de antes, pero no pierdo la fe. Todavía sigo buscando.