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martes, 24 de marzo de 2015

LA CARRETILLA

LA CARRETILLA

«Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000»
— Los Inhumanos 

Y si os dijera que se pueda hacer La Carretilla en un Seat Ibiza, ¿me creeríais? ¡Se puede! La receta es bien sencilla, y los ingredientes fáciles de aliñar. ¿Has cogido bolígrafo y papel? Pues toma nota. En primer lugar hace falta tener un sueldo de mierda para comprarse un Ibiza. Sí, es mi coche, me saca de mis apuros, pero joder cómo envidio el Audi del vecino del quinto. En segundo lugar y uno de los puntos más importantes, es tener los cojones muy calentitos, a punto de estallar. Reconozco que mi vida sexual es como mi bolsillo, muy pobre. No tengo pareja por lo que mojo el churro cuando se presenta la ocasión. Aunque es cierto que casi siempre al final siempre me echa una mano mi amiga Manola, la de la derecha. En tercer lugar, y no menos importante: una mujer dispuesta a acostarse contigo sin hacer demasiadas preguntas. Porque la verdad, este tipo de mujer al final te acaban sonsacando que tienes un Ibiza y que a tus treinta y tres años todavía andas viviendo en casa de tus padres. Subráyalo en rojo: si te pregunta a qué te dedicas, tírale a otra. ¿Qué sale si juntamos todos los ingredientes en una noche en la que el alcohol te quita las vergüenzas? Imaginaos, os pongo en situación:
Discoteca Sökö, cinco de la mañana. Es absurdo realizar un balance de los cubatas que te has tomado. ¿Para qué? Ya llorarás por la mañana cuando te conviertas un experto en microeconomía y veas la cartera vacía. Diriges la vista hacia la chavala del fondo. Sí, esa que toda la noche te ha estado desafiando con la mirada pero a la que no le has dicho nada porque hay más “ganado”. De ganado nada, las has perdido a todas. Te acercas todo bolinga a la última esperanza de pegar un polvo esa noche. “¿Sabes que eres la reina de mis ojos? “. Sí, chaval. Te has lucido. Esa barbaridad de tiempos de antaño la has soltado tú, con los dos cojones que Dios te puso. Pero  tranquilo, no pasa nada. Los cubatas te han echado una mano para evitar decir eso de “Tierra trágame”.
A ella le has molado. De hecho su sonrisa no ha dejado de mostrar su dentadura desde que estás a su lado. Y para que engañarte, la tía no está mal: dos enormes ojos a conjunto con sus dos enormes tetas; entonces piensas ya en hincarle el diente.
La invitas a resopar chocolate con churros. “Tú pones el chocolate”, le dices mientras ella te sigue el juego con su risa. ¡Eres un crack!
         Salís de la disco, dejando atrás a las “amigas lapa”. Ella sube al Ibiza, y cuando lo hace te pregunta: “¿Dónde vamos, Jorge?”. ¡Coño! ¿Ha dicho tu nombre? No puede ser, en las cacerías siempre sueles usar nombres falsos. Te ha debido pillar desprevenido. “A ti te llevo a ver las estrellas, preciosa”...¡olé tus huevos de nuevo, so mamón! Deberías decirle a tu madre que no pusiera tanta novela rosa en la tele.
         Encuentras el sitio ideal, como en las pelis. Un pedazo escampado bajo el raso nocturno. Sí, con estrellas y todo, para tener contenta a la chavalita. En serio, tío, eres un romántico aunque te cueste creerlo. La miras, te devuelve la mirada. Vuestras sonrisas son las cómplices para iniciar el magreo. Tus manos se pierden bajo su camiseta, y estás en lo cierto, aunque sólo alcanzas a resoplar: “uffff”. Ella se encarga de quitarte la camiseta, y dado que te ha encontrado torpe para deshacerte del sujetador, decide hacerlo por ti: “¡Victoria!”, piensas; aunque ese no es su nombre. Si te lo dijo, se te olvidó. Eso es una putada para despedirse  de una mujer tras un polvo. Te fijas en ella, tiene un bonito físico. Te resultan fascinantes sus pechos: blanquitos y repletos de bonitos lunares. Entonces empiezas a sentir calor, tu abultada entrepierna te lo hace saber. Tus manos se lanzan sobre ella, le quitas con rapidez el pantalón: ¡wow! Un diminuto tanga de color negro te recuerda que tienes instinto fetichista. Se lo quitas, pero poco a poco, despacio. Lo deslizas por sus piernas, también blancas, y te quedas con el premio entre las manos. Lo miras intentando que no se te olvide ningún detalle de la prenda, entonces ella llama tu atención: “¿Qué haces?”, pregunta esperando con las piernas abiertas. Te acercas hasta ella y ves que te da la bienvenida unos labios inferiores despoblados. No te lo piensas, entras con la mayor delicadeza. Poco a poco tu miembro se confía y las embestidas son más rápidas. Hasta ese momento ella no se ha dado cuenta de lo pequeño que es tu Ibiza, así que propone cambiar de postura. Sugieres La Carretilla. “¿La Carre qué?”, pregunta alucinada ante lo que acaba de escuchar. Pero tú envalentonado la dominas. Haces que se eche su cuerpo a lo largo, entre los dos asientos delanteros, por encima del freno de mano, el cual te has encargado de bajar un poco para que no se haga daño. Tú desde atrás, entrando y saliendo mientras ella gime. Cuando a punto estás de soltar todo lo que has estado conteniendo durante la noche, notas un pinchazo en la zona lumbar. Te acaba de dar un tirón, mientras tienes tu churro juega en plena erección dentro de ella. “Ahhhhhhhhhhhhhh”, gritas. Ella te dice que es el grito más orgásmico que jamás ha escuchado en un polvo, pero tú sonsacas la valentía mientras una lágrima cae por tu mejilla. “¿Qué te ocurre?”, pregunta ella. A lo que tú respondes que ha sido cosa de la emoción. ¡Mentira! Ha sido el peor polvo que recuerdas en tiempo, y has llorado como una nenaza.

         Y si os dijera que se puede hacer La Carretilla en un Seat Ibiza, ¿ahora me creeríais? Sí, se puede. Pero corréis el peligro de deslomaros y estar una temporadita inactivos. Os lo digo yo que llevo dos semanas con mi amiga Manola. Sí, la de la derecha.