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lunes, 9 de febrero de 2015

EL HOMBRE QUE SE CANSÓ DE COMER ESPINACAS



Mientras cazaban ranas encontraron a un hombre desaliñado durmiendo. Despertó sobresaltado y provocó que los niños huyeran. Uno cayó:
—¿Estás bien?
— Sí, gracias, ¿cómo te llamas?
— ¿Te importa mi nombre o quieres saber quién soy?
— ¿No es lo mismo?
— Es distinto. Me llamo Ramón y soy un hombre libre.
— ¿Eres un vagabundo?
— No, aunque así me llaman.
— ¿Entonces?
— Me cansé de la rutina. Enfermé por un exceso de obligaciones y me rebelé contra el sistema.
— No lo entiendo.
— Mira chaval…
— Eh, no me llamo chaval, soy Fran.
— Perdóname Fran.
— No pasa nada
— ¿Te gustan las espinacas?
— ¡No!
— Imagina que tu madre te pone un plato de espinacas. A ti no te gustan, te enfadas y no las comes. Lo que consigues es tener ése plato verde para la noche. Al final cedes y las tragas. Me cansé de las complicaciones impuestas.
— ¿Comiste demasiadas espinacas?
— Más de las que he querido.
— Mi mamá siempre me levanta el castigo.
— Así debería de ser la vida chaval.
— ¡Me llamo Fran! – se enfadó.
Aparecieron los niños que habían huido y Fran se unió a ellos:
— ¿Quién es el vagabundo?
— Sólo un tío que se cansó de comer espinacas.
Corrieron hacia el pueblo con intención de asustar a las niñas con las ranas que habían cazado.


(c) JAVIER GARCÍA M.
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