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sábado, 14 de febrero de 2015

CUESTIÓN DE GUSTO



Hacía tiempo que los dos amigos no se veían, y se encontraron por casualidad esa mañana. Desde la última vez que quedaron para cenar no habían tenido oportunidad de hablar. Se sentaron en la terraza de una cafetería y pidieron un par de cervezas:

       —Dios, ¡estás loco! Esa cabeza tuya te pierde. ¿Seguro que la miraste bien?
       —No era tan fea, tío.
       —Claro, después del tercer cubata ya no te hicieron falta las gafas. Todas te parecían la misma.
       —Bueno, tenía unas enormes tetas…
       —¿Qué tenía unas enormes tetas? Normal, no me jodas. Si era más enorme que Falete.     
       —No exageres, macho. Lo tuyo también es de juzgado de guardia.
       —¿A qué te refieres?
       —No te hagas el tonto, ya sabes de qué hablo.
       —Si lo dices por Lorena, estás muy equivocado.
       —Estaré todo lo equivocado que tú quieras, pero tendrás que darme la razón. Ese lunar que tiene junto al labio da mucha grima.
       —No es un lunar sin más. Es una bonita peca que caracteriza su cara, a lo tipo Marilyn Monroe.
       —¿Una peca? Será después de depilarla, porque vamos, los pelos que sobresalen de esa mancha no son muy estéticos. ¿Cómo logras besarla sin que se te revuelva el estómago?
       —¡Ya estará bien de faltarle a mi mujer!
       —Tú empezaste mencionando la mía.
       —Mejor olvidemos el tema.
       —Brindo por ello.


     Pronto se olvidaron de sus parientas y se fijaron en las jóvenes que pasaban por la plaza. Cuando terminaron las cervezas se despidieron y prometieron volverse a ver pronto. El excesivo tiempo que pasaban en casa los estaba domesticando.