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domingo, 4 de enero de 2015

ESE VELERO CARGADO DE SUEÑOS

La mujer bajó del taxi con la misma delicadeza de una escena de Hollywood. Abrió primero la puerta y luego sus largas piernas se posaron en el suelo. Después salió su cuerpo entero, cargando bolsas en ambas manos, equilibrando el peso como un funambulista. Su cara se cubría tras unas enormes gafas de sol, mientras que su peinado rebelde intentaba acariciar por última vez el viento; él no había hecho nada.
Al llegar a la recepción no hubo ningún portero que le diera la bienvenida, cosa a lo que estaba acostumbrada. Un enorme  letrero le heló la sangre: "Penitenciaría de Alcalá de Guadaria". Luego no pudo evitar sentir la tristeza de estar muriendo por amor. En su cabeza sonó el estribillo de esa canción de un velero cargado de sueños, y que ahora desaparece a toda prisa ante su mirada.