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jueves, 30 de octubre de 2014

¡Shhh!


Todo ocurrió en una de esas temporadas en las que crees que alguien te ha echado mal de ojo. Nada me salía bien. Me despidieron del trabajo, mi mujer me dejó por otro hombre, y para colmo de los males, mi madre cayó muy enferma por culpa de un cáncer de pulmón. Todo un puñetero pack gratuito de desgracias.
Al poco tiempo de enterarnos de la enfermedad de mi madre, la ingresaron de urgencia en el Hospital Provincial de Castellón, para tratar el temido tumor que se le había propagado por todo el cuerpo. Las palabras del Dr. Quijano, el responsable de oncología del centro, no fueron muy esperanzadoras. Cada uno de los mensajes pesimistas que salían por su boca,  se convertían en auténticos escupitajos cargados de dolor e impotencia disparados a bocajarro contra mi corazón.
Toda esa tragedia ocurrió en el verano más bochornoso que jamás he vivido.  Recuerdo a mamá abanicándose, a pesar de su estado, luciendo en su cara esa simpatía andaluza que corría por sus venas: «Coge dinero de mi monedero y ve a tomarte algo fresco, Manuel», me dijo una noche al verme sofocado frente al cristal de la ventana, con los botones de la camisa despasados por culpa del sudor y la mirada perdida en la calle, pensando en la miserable vida que me había tocado vivir. Lo hubiera dado todo por cambiarme con ella. No se merecía esa cruel enfermedad que se la estaba llevando a marcha forzada.
Le hice caso, pero no cogí el dinero de su bolso.  Me acerqué hasta ella y le di un beso en la frente: «Ahora vuelvo enseguida, mamá», le dije muy despacio para que pudiera conciliar el sueño. Antes de salir por la puerta volvió a llamarme.
—¡Manuel!
Me giré para verla y noté en su cara la expresión más tierna que jamás le  había visto.
—Dime, mamá.
—¡Te quiero, hijo! —me dijo sonriendo, con sus ojos convertidos en dos luceros brillantes.
Le respondí con mi mejor sonrisa, esa que suele dar las gracias sin decir ni una palabra. Cerré la puerta despacio y salí a buscar un refresco.
Lo recuerdo a la perfección, eran casi las once de la noche cuando me dirigía por el pasillo del hospital hacia una de las máquinas expendedoras de bebida. Me topé con un par de enfermeras que caminaban despacio, mucho más lento de lo normal. Pero eso no fue lo que me extrañó de ellas, sino que lo hacían sin dirigirse la palabra, en una sepulcral procesión. Sus piernas se movían al compás del segundero que pendía sobre la puerta de la salida: «tic, tac, tic, tac», pude escuchar el movimiento de las agujas. Cuando pasé por su lado las saludé, pero ellas no respondieron. Ni siquiera me miraron, tan sólo siguieron con la vista puesta en el frente, intentando llegar a su destino sin que nada ni nadie las entretuviera. Su indumentaria también me resultó curiosa, pues era la primera vez que veía a dos enfermeras lucir una especie de gorrito en la cabeza con una cruz roja dibujada, algo muy vetusto y extraño.
No le di más importancia, me senté en uno de los bancos del diminuto parque interior de la clínica. Fumaba un cigarro a la vez que daba pequeños sorbos a lata de refresco de cola que me compré. Entre calada y trago empecé a martirizarme por toda mi situación personal. Intenté convencerme de que yo no era el responsable de mi mala suerte, pero en realidad no era así; tenía parte de culpa como ser humano que exhalaba vida entre respiro y respiro.
Me sentó bien el refrigerio y apagué con fuerza la diminuta punta del cigarro en un cenicero. Eché de mis pulmones la última calada y decidí regresar.
Antes de llegar a la habitación volví a ver a lo lejos a esas dos enfermeras antipáticas, pero pronto advertí que no iban solas. Una mujer mayor las acompañaba. Iba entre las dos sanitarias, flanqueada por el silencio y la seriedad. No tardé en comprobar que la anciana se trataba de mi madre. Me pareció muy raro que a esa hora la sacaran de su habitación, pues en realidad estaba débil para hacerlo. No pude evitarlo, grité desde la distancia:
         —¡Mamá!
Ella se detuvo. Se dio la vuelta para saludarme y me dijo adiós con la mano. Una de las sanitarias tiró de su brazo para que reanudara la marcha. Luego recibí por parte de esa misma mujer un reproche; puso su dedo índice sobre sus labios y escuché un desagradable siseo: «¡Shhh!», me mandó callar. Después retomaron el paso y se dirigieron hacia el final del pasillo.
Aquello no me pareció normal. Corrí hasta ellas, pero poco antes de darles alcance vi algo que me impactó: mamá y aquellas dos extrañas desaparecieron a través de la pared del fondo.
Volví a correr, pero cuando llegué no pude hacer más que tocar el duro y frío tabique. Allí no había nadie, era imposible que nada pudiera atravesar el muro. No me moví del lugar durante unos minutos. Creí que tal vez había sido una cruel recreación de mi cabeza, pues llevaba demasiado cansancio acumulado.
Le quité importancia y regresé a la habitación. Antes de abrir la puerta sentí un ligero escalofrío recorrer por mi cuerpo. Cuando entré y vi a mi madre yaciendo sobre la cama lo comprendí todo. Su cuerpo ya no respiraba. Su cara pereció con la misma sonrisa que me regaló minutos antes. Cerré sus ojos para abrir el luto en los míos. Mis lágrimas y un último beso que le di en la frente fueron su único equipaje para cruzar al otro lado. No le ganó la jugada al cáncer, pero al fin pudo descansar, se lo merecía.
Desde entonces, cada vez que alguien pide silencio presto atención a todo lo que me rodea. El mutismo huele a muerte y yo intentaré escapar de ella. Aunque cien tuertos me hayan mirado, vivir merece la pena.

jueves, 23 de octubre de 2014

ERES ARTE.


Eres arte, entre mis brazos. Cuando te miro a los ojos, me doy cuenta de que no son parte de tu cuerpo. Son dos luceros que quizá provengan de otra galaxia. Aquí es imposible encontrar otros iguales. Luego me fijo en tus facciones, dulces y seductoras. Más bien propias de un fresco, de esos que permanecen a buen recaudo en un museo. Sólo apto para miradas exigentes. Eres arte, mujer. Todas las noches te recuerdo como un soneto. Tus palabras no son vocablos, son cada una de las letras de una balada. Eres arte, en cambio yo, poco puedo hacer por entenderte. Tan sólo soy un paleto embobado ante algo que se le queda grande: tu belleza.

martes, 21 de octubre de 2014

VERSOS DESTERRADOS


De qué me sirve la poesía, si con ella sólo he logrado que te rías. Busqué la perfección de mis versos en tu belleza, a cambió logré indiferencia. Aunque me vi a la deriva, en un mar de lágrimas, no tardé en reponerme y alejarme de tus bocanadas. ¿De qué me sirve la poesía si no te tengo a mi lado? ; se ha convertido en medicina para este corazón desterrado.

sábado, 18 de octubre de 2014

MI ÚLTIMO POEMA


Pierdo la mirada en el silencio de la sala, en su vacío. La gente muestra una profunda indiferencia, que me destroza. Tampoco es que yo haya hecho mucho por captar su atención. Me hundo. Algunos ojos clavan su mirada en mí, me hacen sentir un payaso. Cierro el libro, mi recital terminó. Salgo conforme entré, solo. No tardaré en ir a buscar consuelo en tu voz. Eres el único poema que me queda por escribir.



viernes, 17 de octubre de 2014

AMOR MECÁNICO


Nadie me dijo que fuera sencillo. Además, el amor viene sin manual de instrucciones. Con seguridad me equivoqué en alguno de los pasos, monté mal las piezas; los engranajes, a pesar de estar engrasados, no se mueven y provocan que nada funcione. Ni tus besos llegan, ni tus miradas son conforme deberían. Busqué ayuda en Google, pero nada encontré. Me tocó aprender, recorrí todas las piezas con mi mano. Me convertí en un aventurero autodidacta, emprendiendo una afición que jamás hubiera imaginado tener: hacerte feliz.
Desde que accioné de forma correcta el mecanismo, no he parado de recibir tu cariño. Ahora sé cómo funcionas, y de forma periódica te chequeo. No quiero olvidarme de la instrucción que te pone en movimiento: la sinceridad.

jueves, 16 de octubre de 2014

MARTES FRESCO



Martes. Miro a través de la ventana. Es primera hora de la mañana, y no ocurre nada. Sólo intuyo que hace fresco. La panadera, que ha salido a barrer la acera, lleva puesta una chaqueta fina.  Me  giró hacia el otro lado de la cama. Te miro. Empiezo a sentir ese frío que cae en la calle. Me doy cuenta de que ya no eres ese mechero que tanto me encendía. Has perdido gas. ¿Habré sido yo?, ¿habrás sido tú? Quién sabe. Intento buscar algo de calor. Te acaricio la cara, conforme lo hacía cuando era un adolescente. De eso, ya hace mucho tiempo. Lo reconozco, siempre fui un torpe amante, pero nunca dejé de intentarlo. Sigo acariciándote la cara, noto que empiezo a entrar en calor. Acabo de recordar porque estoy tan enamorado de ti: me haces sentir especial. Eso es lo que importa. Me meto entre las sábanas, con intención de inspeccionar de forma más profunda tu belleza.  Despiertas, me miras y sonríes. Es ahora o nunca. ¿Te lo digo? Claro que sí: «¡Buenos días, amor!». La cosa no estaba tan fría, faltó la chispa.
Hoy entraré a trabajar con una sonrisa de oreja a oreja, y sin haber cenado cereales. El día promete.


CORAZÓN QUEMADO



miércoles, 15 de octubre de 2014

TU MUSARAÑA


Durante tus noches de angustia siempre fui un esbozo de tu apasionada caligrafía. Me convertiste en tu musa. Era fascinante verme rodeado de tantos versos. Luego, al amanecer, cuando tus ojos abandonaban la nocturnidad a la que estabas sometida, me apeabas de ese ensueño convirtiéndome en una peligrosa araña. Reconócelo, no es mi veneno lo que te da miedo: es mi amor por ti.



BESOS DE SAL

 Estuve muy equivocado. Creí que tus besos eran los que me ayudaban a flotar en este mar de angustia, pero he descubierto que la sal de tus labios, es lo que en realidad me ha hecho daño. No tengo ganas de que sigas besando mis estigmas, no soporto el dolor que provocan tus besos en mis heridas. Por favor, no sigas intentando hacerme ver que eres la Buscapina que necesito para relajar mi estómago. No es así. Mi cuerpo ya ha creado sus propias defensas, y estas lágrimas que estás viendo, intentan decirte lo que mi corazón no puede: «¡Márchate de aquí!». Tus besos de sal no son sanos para mí.

martes, 14 de octubre de 2014

SOBRE EL AMOR Y OTRAS PIEZAS ROTAS






COLGADO



«No soy más que un peluche entre tus brazos. Nunca quise dejar de serlo. Siempre me encontré cómodo ahí, arropado entre tus pechos. Con el tiempo me confié. Quedé relegado a un segundo plano. Algo empezó a ir mal entre nosotros dos. Pusiste tus ojos celestes en otro pelele. Este no se conformó con seguirte el juego, como lo hacía yo. Te puso las cosas duras, y logró que tus ojos derramaran un mar de lágrimas. Probaste lo que diste a probar: la amargura de no sentirse correspondida.»

   

REFLEJO

Me miro en el espejo y mis ojos son una prolongación de los tuyos; un torrente de belleza y sentimiento, al igual que aquel primer momento en el cual desnudé al completo mi corazón, sin mayor complejo que sentir tu vida enlazada con la mía, desbordando amor hasta el infinito.

Me miro en el espejo y veo a un hombre dichoso, aunque torpe e inexperto en ese arte llamado amor.

AMANTES DE LO COTIDIANO — FRAGMENTO

«Después de todo me detuve a contemplar las pequeñeces con las que tu cuerpo siempre me ha dictado: acariciar tu piel, oler tu pelo, sonreírte. Todo ha cambiado con los años, pero nuestros orgasmos siguen siendo iguales, placenteros hasta el punto de pedir parar el tiempo y disfrutar eternamente.»


OJERAS

Me pesan los ojos, apenas puedo abrirlos. El motivo no es más que el cansancio acumulado durante la noche, momento en el que aprovecho para imaginarme contigo. Risas y un exceso de caricias por los cuales no me ha importado desgastarme. Mi cama, mi almohada, se han convertido en el único lugar en el que tú y yo podemos encontrarnos. Aunque en realidad no estés conmigo, yo sí te siento. Quizá no sea más que un sueño longevo del cual me despierto a las cinco en punto por obligación, dejando nuestra historia  aparcada por unas horas hasta que un nuevo día ponga su fin. 
Me he imaginado mil veces cómo sería sentir tu calor entre mis brazos, y esa sensación es la que me hace trasnochar una y otra vez. Jamás unas ojeras dijeron tanto sobre el amor.

CUANDO EL CORAZÓN CANTA...



EL LOBO SE CANSÓ DE MORDER — FRAGMENTO





lunes, 6 de octubre de 2014

ENTREVISTA EN LA REVISTA OCI DE VILA-REAL

Hola, amigos. En el ejemplar de OCTUBRE de la revista OCI  de Vila-real, aparece una entrevista que me hizo su equipo de redacción, para la sección de JÓVENES EMPRENDEDORES LOCALES.
Desde aquí agradezco la amabilidad y el interés que ha mostrado la revista en realizarme la entrevista. ¡Gracias!





PREMIO A VUESTRA FIDELIDAD

¿Habéis leído alguno de mis libros? Si lo has hecho tienes premio: ¡Un calendario de bolsillo para el 2015! ¿Cómo conseguirlo? ¡Sencillo! Envíame un comentario con tu opinión de mi obra a javi.kck@gmail.com y te haré llegar el calendario totalmente gratis. 


¡Rápido, se están agotando!

RESEÑA DE "HISTORIAS DESDE LA ALMOHADA".

"Historias desde la almohada" va a cumplir en breve un año desde su publicación, y es un orgullo seguir recibiendo reseñas.

Hoy nos ha llegado una nueva reseña, procedente del blog "EL RINCÓN DE LA LUNA". Muchas gracias!





ESA BALADA LLAMADA "AMOR"



TODO VALIÓ LA PENA