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jueves, 15 de mayo de 2014

miércoles, 14 de mayo de 2014

LOS ÁNGELES NO TIENEN SEXO.


Ha pasado mucho tiempo pero lo recuerdo a la perfección: seis de marzo de mil novecientos ochenta y cinco; diez de la mañana, ingreso en maternidad. Al fin tras nueve meses llenos de dolores y placer, iba a ver tu cara, la de mi bebé. Te esperaba con mucha expectación, porque jamás me dijeron tu sexo. Bueno, no es cierto del todo. Las vecinas mayores de la calle me hicieron esos juegos extraños en los que te aseguran si vas a tener un niño o una niña: las tijeras cada vez decían una cosa. Lo peor fue buscarte un nombre. Tu padre y yo tardamos en ponernos de acuerdo, pero al final lo hicimos: Lucía en caso de ser niña y Vicente si al final eras niño.
¿Sabes? Fue muy emocionante descolgar el teléfono y llamar a tu padre al trabajo. Aún recuerdo lo nerviosa que se puso la recepcionista al decirle que estaba de parto y que le necesitaba a mi lado. No tardó en llegar a casa, y con su flamante  Seat 127 me bajó a todo gas hasta el hospital. Todavía logro sonreír al recordarlo: «¿Ha roto aguas?», preguntó la enfermera del mostrador. Entonces tu padre con el humor que tanto le caracteriza le dijo: «¡El Sichar al completo!».
Cuando me hicieron pasar al paritorio se convirtió en algo muy duro. Sentía tus ganas por salir y encontrarte con nosotros. Estaba agotada, y tu papá se mostraba más nervioso que yo. Era gracioso contemplar a las enfermeras intentando calmarlo. «Tranquilo, todo irá bien», le escuché decir a una de ellas. Y todo iba fenomenal hasta que empecé a  empujar. Perdí la conexión contigo y desfallecí. Saliste de mi vientre sin llegar a percibir la luz. No me hizo falta ver al ginecólogo para saber que no iba a poder disfrutar de ti. Sus palabras tampoco me sirvieron de consuelo, poco antes noté que te marchabas de mi lado para siempre.

Por eso cada seis de marzo lo celebro con nostalgia y resignación. Porque me lo diste todo sin haber pasado  el tiempo que deberíamos haber tenido para nosotros dos. Porque aunque tu destino no estaba escrito a mi lado, me enseñaste a sentir y a vivir como una madre primeriza. Mis lágrimas así lo aseguran todas las primaveras al recordar tu rosada y pequeña cara angelical. Nunca me cansaré de clamar al cielo por ti. Los años pasan pero una madre no olvida. Algún día sé que marcharé para estar a tu lado, y entonces te arroparé con mis brazos. Te cantaré la misma nana que escucharon tus hermanos: «run, run, run, mi bebé mira al sol; run, run, run cantaremos tú y yo»,  luego te besaré. «Mamá te quiere», nunca lo olvides.

EXTRAÍDO DEL LIBRO SOLIDARIO
"MÁS QUE UNA MADRE"
ED. SAR ALEJANDRÍA

domingo, 11 de mayo de 2014

EL DESGUACE DE LAS PALABRAS ROTAS


Ya podéis descargar de forma gratuita mi último libro de poemas: "El Desguace de las Palabras Rotas". Un poemario repleto se sentimientos crudos, listos para mostrarse ante las lecturas más críticas.

SINOPSIS:
“El Desguace de las Palabras Rotas” es una puerta a los pensamientos en la vida del autor, Javier García. A través de poemas en los que nos invita a pensar, a sentir y a reflexionar sobre, quizás, nuestros propios sentimientos, descubriremos una manera de expresar la vida. Tendremos la oportunidad de navegar entre los recuerdos, encontrar las palabras perdidas y atracar nuestra existencia durante un viaje exquisito en el que no estarás solo. 

VIENTO vs TIERRA 
Tú eres el viento que pasó de largo, 
y yo la tierra que quedó sin germinar.


El autor será el viento que nos despeinará los sentimientos, y nosotros, los lectores, la tierra que finalmente sí germinará gracias a unos poemas llenos de semillas que se depositarán en nuestro ser. 
-Asia Lafant-


Si lo quieres leer de forma gratis:


Si prefieres comprarlo en papel por menos de diez euros:





jueves, 1 de mayo de 2014

RANCIO




Veo crecer palabras
en un árbol centenario;
sus frutos caen al suelo,
pisoteados por la misma gente
que cierto día prometió regarlo,
pero tan sólo recibió desprecio.

Todo fue mentira, creció solitario,
sin más regadío que sus lágrimas
viajando hasta las raíces,
donde encontró el consuelo
de ciertas lombrices repudiadas,
obligadas a vivir bajo el suelo;

desde ahí todo se ve diferente.