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lunes, 8 de diciembre de 2014

DE CARNE Y HUESO


Ahora no digas que no te acuerdas de mí. No me lo creo. Si es necesario sacaré a relucir esas lágrimas que te mostraron mi ser más íntimo. No te hagas la dura, sabes que sigo siendo yo, aunque no quieras reconocerlo. Te marcharás, pero dejaré claro que no he cambiado. No soy otro, aunque ahora, viendo conforme marchas por el horizonte, me hubiera gustado serlo. Tal vez un hombre de hierro. Ahora me arrepiento de ser humano. Un verdadero estúpido que siente dolor y sabe que tardará mucho tiempo en curarse. ¡Adiós! Yo siempre estaré aquí.