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jueves, 20 de noviembre de 2014

UN LED DE ESPERANZA


No creo que me hayas olvidado por despiste. ¡Qué va, no es así! Aunque mi cabeza quiera convencerme que así ha sido, mi corazón se resiste. Jamás me dejaste ir a la cama sin darte las buenas noches. Ahora, por desgracia, me estoy acostumbrando a acostarme con las lágrimas en los ojos, bajo las sábanas de franela que un día disfrutaron de tu persona.
Me dijiste tantas veces «te amo», que empecé a dibujar dentro de mí una bonita historia en la que por lo visto tú, no has querido ser partícipe. ¿Por qué? Era todo tan idílico…
Son las doce menos diez minutos, casi llega un nuevo día. Aún espero con mi cabeza recostada sobre la almohada. Miro de vez en cuando la mesilla de noche, esperando que un diminuto led alumbre la esperanza que todavía no he perdido, que me digas que sigues estando ahí, aunque nuestras pieles jamás vuelvan a rozarse.