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jueves, 16 de octubre de 2014

MARTES FRESCO



Martes. Miro a través de la ventana. Es primera hora de la mañana, y no ocurre nada. Sólo intuyo que hace fresco. La panadera, que ha salido a barrer la acera, lleva puesta una chaqueta fina.  Me  giró hacia el otro lado de la cama. Te miro. Empiezo a sentir ese frío que cae en la calle. Me doy cuenta de que ya no eres ese mechero que tanto me encendía. Has perdido gas. ¿Habré sido yo?, ¿habrás sido tú? Quién sabe. Intento buscar algo de calor. Te acaricio la cara, conforme lo hacía cuando era un adolescente. De eso, ya hace mucho tiempo. Lo reconozco, siempre fui un torpe amante, pero nunca dejé de intentarlo. Sigo acariciándote la cara, noto que empiezo a entrar en calor. Acabo de recordar porque estoy tan enamorado de ti: me haces sentir especial. Eso es lo que importa. Me meto entre las sábanas, con intención de inspeccionar de forma más profunda tu belleza.  Despiertas, me miras y sonríes. Es ahora o nunca. ¿Te lo digo? Claro que sí: «¡Buenos días, amor!». La cosa no estaba tan fría, faltó la chispa.
Hoy entraré a trabajar con una sonrisa de oreja a oreja, y sin haber cenado cereales. El día promete.