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sábado, 30 de agosto de 2014

EL PACTO

Jefferson C. Loveau quiso llegar a lo más alto, fue un empresario ambicioso que no pudo comprarlo todo con dinero. Alguien le habló de Solomon, un majadero que decía ser brujo y decidió probar con él. El hechicero le citó cierta noche crepuscular en mitad de un bosque pantanoso del estado de Luisiana. Su todoterreno no tuvo problemas para llegar hasta allí, pero sus delicados zapatos italianos sí se resintieron. «Si quieres llegar a la presidencia no me bastará sólo con tu alma», le dijo Solomon. «Necesitaré tres personas de cierto círculo; dos gotas de agua y la sonrisa del sol no deberán seguir…». Jefferson no entendió el acertijo y aceptó el pacto firmando con su propia sangre. Esa noche al llegar a casa lo comprobó: sus dos hijos gemelos de cuatro años y su mujer de cabello rubio yacían sin vida sobre sus camas, sin más signos de violencia que haber muerto por asfixia.  Se convirtió en un líder solitario.