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sábado, 16 de agosto de 2014

EL FAROL



Cuando puso las manos en sus pechos, supo que iba a perder la virginidad, estaba dispuesta a ello. Se sintió estúpida, perdida ante una situación en la que no sabía desenvolverse, y dejó que aquel gañán la guiara en un encuentro del cual no guardaría buenos recuerdos. No fue cómo ella había imaginado. El exceso de novelas rosas que leyó le hizo creer que viviría una noche de ensueño. Se equivocó, aquel muchacho con el que apenas llevaba saliendo unos meses, simplemente había estado preparando el terreno para su único cometido, cepillarse a ésa chica morena que lo volvió loco aquella noche en el baile del pueblo. Desde ése momento, no tuvo otro objetivo con ella. La chica lo veía distinto. Le gustaba, pero su plan de hacerse distante y fría sólo le funcionó al principio. Los múltiples intentos que hizo por ganársela, provocó que ella se terminara enamorando de él. Lo típico, se fijó en un chico malo y resultó ser la perdedora de ese juego de tira y afloja que había iniciado. Se dio cuenta demasiado tarde de su error, ya había perdido las bragas por alguna parte en aquel pequeño coche. Y su gozo fue más bien poco. Después del dolor físico, le tocó vivir el sufrimiento de su corazón. Nada más sabría de aquel chaval engominado y repeinado hacia atrás. Dijo que se cansó de ella, que los sentimientos no eran mutuos y era mejor dejarlo así, para no hacerse daño. El caso es que el mal ya estaba hecho. Ésa noche que ella consideró tan especial, tan sólo valió para que su corazón saliera de allí roto. Se convirtió en la perdedora de su propio juego, sin que su contrincante se saltara las normas. Sólo jugó sus cartas, iba de farol.