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domingo, 9 de febrero de 2014

LA VERDADERA HISTORIA DE ROBIN DE LOS BOSQUES


Majestad, lo confieso. Soy al que llaman Robin de los Bosques. Quizá sea más delgado y pequeño que las historias cuentan, pero a ellas he de referirme. Son absurdas e inciertas. Ojalá fuera todo verdad lo que en ellas se narra, pues podría considerarme un hombre justo, por repartir entre el pueblo lo que es del pueblo. Pero no, algún vil ha vertido esos embustes sobre mi nombre acusandome de saquear a los ricos. Vuelvo a defenderme y repito, ¡es falso! Yo Robin Hood, si bien es cierto que he cometido algún acto carente de nobleza es la de acostarme con la Condesa, la señorita Shara. ¡Lo juro! El único bosque que conozco es el frondoso pinar de su propiedad. Porque ahí, entre los matorrales y el aire fresco es dónde he lanzado cada una de mis flechas, las de la pasión, con disparos certeros sobre la diana de la Condesa. Me siento ridículo contando mis intimidades y las de mi amante, pero debo defenderme. ¡No sé manejar el arco! Y se me acusa de haber batido a no sé cuantos soldados. Majestad, es incierto. Las armas se me dan fatal. Si me dejaran abandonado en el bosque, probablemente moriría. La la caza no se me da bien. ¿Y este que se defiende ante usted es el tan temido hombre que se aparece en los bosques? ¡No, y mil veces no! Sólo soy una víctima a la que han querido quitarse de en medio mediante burdos embustes, con la única deshonra de haber mancillado la nobleza de la Condesa. Y aclarado todo el asunto, mi majestad, la soga empieza a dejarme marcas en el cuello.