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viernes, 15 de septiembre de 2017

AMANTES EN LO COTIDIANO



Después de todo me detuve a contemplar las pequeñeces que tu cuerpo siempre me ha dictado: acariciar tu piel, oler tu pelo, sonreírte. Todo ha cambiado con los años, pero nuestros orgasmos siguen siendo iguales; placenteros hasta el punto de pedir parar el tiempo y disfrutar eternamente.



Sabes que cuando me enfado contigo por alguna de mis estupideces, siempre acabamos arreglando las cosas de la forma más sencilla, natural y humana que jamás habrá escrita; entrelazando nuestros sexos buscando un punto parcial de cordura.

Me alegra ver que sabemos solucionar los problemas. Hoy no ha sido distinto. Malhumorado por haber tenido que soportar el carácter de esa persona a la que tú quieres tanto pero a mí me es indiferente. Me negué a responder tu pregunta por haberla tenido que soportar. Luego por fortuna lo de siempre: tu sonrisa picarona vuelve a decirme lo estúpido que soy. Entonces me atrevo a ponerme delante de tí: “lo siento”, digo mientras te abrazo y mordisqueo tu cuello. Tú haces lo mismo. Me agarras  y me dices al oído: “tonto”.

Lo que vino después es lo más justo para volver a empezar. Un excelente caldo de sudor, caricias y miradas lascivas. Mi sexo en el tuyo, bailando al compás que dictan tus caderas. Al final un regadío placentero de amor.

Los años pasan, ya no somos unos jovenzuelos. Seguimos amándonos cómo el primer día. Al fin y al cabo sabemos arreglar nuestras diferencias. La cama siempre fue nuestro juzgado de paz. Eso nunca cambiará, lo sabemos los dos. Te amo.