Buscar:

domingo, 28 de abril de 2013

CORAZÓN DE PIEDRA

Dicen que tu corazón es duro. Infranqueable como una muralla. Me atreví a treparlo. Resbalé y me di un duro golpetazo. Volví a intentarlo. Puse mis manos en él, e intenté subir poco a poco, como se deben de hacer las cosas. A punto estuve de volver a caer, pero en esa ocasión me diste la mano. Llegué a la meta, con tu ayuda. No es verdad eso que dicen de ti. Tu corazón no es de piedra. 

TU ÚNICO BESO


Son tus labios los que me enseñaron la felicidad. Tu beso, el único que me diste, me devolvió la vida. Desde ese momento no he vuelto a mirar el reloj. Le quité la pila. Paré el tiempo justo cuando tus labios se chocaron con los míos. El resto de la historia no tuvo importancia.

DULCE VENENO


Te juro que todavía no sé qué hechizo has utilizado en mí. Me haces daño, pero te sigo necesitando. Te mentiría si te dijera que me es indiferente que hayas estado en brazos de otro hombre. ¡No es así! Me corroe el hecho de imaginar que otras manos, que no son las mías, se han atrevido a acariciarte. Te juro, que todavía no sé que me has hecho: ni como, ni duermo. Si acaso bebo, es debido a que me imagino haciéndolo de tus labios. Aún no he podido olvidar el sabor de tus besos. ¿Fueron ellos los que me han envenenado? Te juro que te sigo amando, aunque no lo merezcas.

viernes, 26 de abril de 2013

VIVIR EL MOMENTO





     A pocas millas de la costa, en aguas del Mediterráneo, una pequeña barca fondea. El sol matutino queda inmenso en el océano. Así lo hace ver su reflejo sobre el agua. Un hombre y una mujer se miran con deseo.
     —¡Qué tranquilidad se respira aquí!
     La agarró por las manos. Acarició con delicadeza su piel.
     —La misma que me transmite tu mirada, cuando estoy a tu lado.
     Entonces nació un beso, que fue multiplicándose a cada segundo que pasaba.
     —¿Crees que lo nuestro tiene futuro? —preguntó ella con voz temerosa.
     Se hizo el silencio, pero pronto se rompió por culpa de una ola que golpeó con fuerza la barca.
     —Durará todo el tiempo que tenga que durar. Ni un minuto más, ni un minuto menos. Durará como ese amanecer, con sus amantes revolcados sobre la arena de la playa. Todo es cuestión de tiempo. Mientras tanto disfrutemos del momento.
     Descorchó una botella de vino espumoso. Pegó un trago directamente de ella.
     —¿Quieres? —se la ofreció.
     Se quedó asombrado. Ella se quitó el jersey, dejando que sus pechos disfrutaran de la brisa marina. No llevaba sujetador, no tenía intención de usarlo. Cogió la botella y derramó el vino sobre sus pechos. Las burbujas le hicieron cosquillas, sonrió:
     —Entonces aprovechemos todo el tiempo que podamos. ¡Bebe de mí, amor!
     Se embriagaron. Pero no fue por culpa del alcohol, sino a causa de ese sentimiento al que los amantes llaman «pasión».
            

MIEDO A LA NOCHE


De pequeño siempre me dio miedo mirar debajo de la cama. Mi madre me reñía por dormir con la luz encendida. Me decía que fantasmas y bichos extraños no existían. Ahora no me preocupa, no tengo motivos para ello. Mi cama es un cúmulo de cartones, que encuentro por la calle. Hace poco murió apaleado un compañero. Después de la paliza, le pegaron fuego. Eso sí da miedo de verdad, la maldad de las personas. Todas las noches duermo expectante de si volveré a despertar. Cuando sea mi turno, espero que sea rápido.

jueves, 18 de abril de 2013

ADORO A MAURO - YOLANDA QUIRALTE




Está en boca de todos. A estas alturas, quizás hayas escuchado nombrarlo en lugares tan dispares como puede ser desde la salida del colegio, hasta en la sala de urgencias de un hospital. Pero, ¿quién es Mauro? 

Mauro es un machote, un tío duro al que le gusta vivir el momento. Jamás se ha planteado sentar la cabeza. ¿Para qué? Tiene todo lo que necesita: su propio piso, un cochazo con nombre de monarca y amigos con los que disfruta pasando el rato al salir del trabajo. Lo que Mauro no se imagina, es que su vida va a cambiar por «cojones».

«Adoro a Mauro», es una novela fresca y muy divertida. La autora, Yolanda Quiralte, ha dado con la fórmula para sumerger al lector, desde principio a fin, en los numerosos despropósitos en los que Mauro se ve involucrado. En definitiva, un libro muy recomendado para leer en estos tiempos en los que necesitamos reír. 

Desde este enlace, puedes leer gratis el primer capítulo:




Enlaces a los booktrailers:





PRESENTACIÓN EN VILA-REAL

Si tienes más curiosidad por conocer a MAURO, este viernes 19 de abril, podrás encontrarlo en:

Café Tertulia L'Antic 

C/ Pere Gil ~ Villarreal

20:00 horas


Acércate, te divertirás.

martes, 16 de abril de 2013

«DUELO A MUERTE»



Sir Andrew Hopkins se enteró de que su mujer, Sara De Guzmán, una bella y joven mujer de sangre española, había roto su fidelidad engañándolo con el atractivo herrero del pueblo. Sin pensarlo, se presentó en la herrería y utilizó su guante de cuero para abofetear al «caradura». Pese a su gran tamaño, Sir Andrew no se amedrentó, lo retó en duelo a muerte. Como buen caballero, dejó escoger el arma a su adversario, quien eligió la pistola como medio para poner fin a la ridícula historia de faldas en la que se había metido. Pactaron que a las seis en punto de la tarde, en la Plaza Mayor y ante la atenta mirada de todo el pueblo, uno de los dos moriría. No fue su estúpido orgullo inglés quien le hizo meterse en aquella locura, sino el amor que sentía por su mujer, a la que había perdido ante el imponente atractivo del herrero. Eso fue lo que desató su ira, saber que Sara ya no lo quería, había encontrado a otro a quien regalarle su corazón.

Pronto llegó el último sorbo de té, y con él, el fatal encuentro. La plaza estaba llena de curiosos. Mientras las mujeres presentes chismorreaban sobre la «ligereza» de la española, los hombres hacían sus apuestas. Debido a que se usaban armas de fuego, cualquiera de los dos podía proclamarse vencedor. Curiosa era la escena ver sudar de los nervios al fornido herrero. La imagen de Sir Andrew era bien diferente: un hombre menudo, sin nervios aparentes y seguro de lo que estaba haciendo. Entonces ambos acordaron que caminarían de espaldas el uno al otro y al quinto paso se girarían descargando sus armas. La rapidez y la puntería serían las encargadas de poner justicia en el duelo. Tras darse la mano aceptando el acuerdo, se pusieron de forma que sus espaldas se tocaron. Antes de empezar la cuenta, echó una última ojeada a su mujer. Pese al engaño, la seguía amando. Los pasos comenzaron: uno, volvió a pensar en Sara. Dos, recordó cuando la conoció años atrás en
España, en un patio granadino plagado de hermosas plantas. Tres, se enamoró locamente de ella, por eso estaba cometiendo ahora mismo esa locura. Cuatro, recordó la sonrisa contagiosa de Sara, creyó que no era justo quitarle la felicidad de esa manera y entonces pensó lo peor. Cinco, se giraron ambos contrincantes con las pistolas apuntándose el uno al otro, pero ninguno de los dos disparó. Entonces el inglés giró la vista hacia su mujer: «Te mereces ser feliz», gritó al tiempo que puso la pistola en su sien y apretó el gatillo. Una vez desapareció la nube de pólvora, se vio el cuerpo del caballero yaciendo en tierra con la cabeza volada, envuelto en un charco de sangre y con los sesos desparramados por el suelo. Sir Andrew, en vida fue físicamente poca cosa, pero ante todo siempre resultó ser un noble caballero inglés.

«SE LLAMABA FELICIDAD»


Era preciosa. Alegre como un día cualquiera en la Fiesta de Abril. Sevilla era su ciudad. Aunque no se llamaba Rosa, era tan bella como la flor. Un día la perdí y todavía sigo buscándola. Se llamaba Felicidad.




domingo, 14 de abril de 2013

CARAPAPEL 02 - Kate en el sótano.


Cuando recuperó el conocimiento se vio rodeada de una brutal imagen. Se encontraba encerrada en un pequeño cuarto, probablemente en un sótano. El lugar estaba pobremente alumbrado por una bombilla que colgaba del techo. Cuando se dio cuenta que toda aquella sangre que había esparcida por el suelo no era suya, sintió un ligero alivio. Su tranquilidad no tardó en desaparecer. Pronto comprobó de dónde provenía aquella sangría. Justo a su lado había un cuerpo inerte. Estaba decapitado y le faltaban algunos miembros. Cuando se giró para apartar la vista de la carnicería, vio algo que le revolvió el estómago. Encontró la cabeza del cuerpo mutilado. Se trataba de una mujer. Tenía una expresión de pánico, la cual con seguridad, fue la última mueca que dio en vida. No pudo aguantar aquellas imágenes macabras y vomitó. La mordaza que tenía puesta le obligó a tragarse su devuelto. Casi muere ahogada por su bilis. Una vez repuesta, sintió que debería de estar atemorizada. Quien quiera que hubiera cometido aquel salvaje asesinato, podía volver a hacerlo otra vez. No estaba segura. Escuchó como alguien intentaba abrir la puerta. Entonces se orinó encima.


sábado, 13 de abril de 2013

CARAPAPEL 01 - Diálogo con el doctor

El miedo de su víctima le resultaba placentero. Mientras el doctor, amordazado, se quejaba del dolor de las ataduras, él estaba entretenido quitándose la porquería que tenía entre las uñas con un afilado cuchillo.

—No se acuerda de mí ¿Verdad doctor? 
Hizo una pequeña pausa. Seguía limpiándose con la afilada hoja.
Quizá deba refrescarle la memoria. ¿Le suena «Bidromex»? 

La víctima se sobresaltó al escuchar la palabra.

Se acercó hasta su presa y la cogió con fuerza por el pelo.

Toda la culpa es suya —le dijo al doctor, quién no parecía entender nada. Usted me ha convertido en lo que soy, un monstruo.

Puso el cuchillo sobre la mordaza. Lo hincó, y con fuerza trazó una linea horizontal sobre la boca del doctor. La violencia del gesto  provocó un grave corte. El preso gritó de dolor. Entonces al carnicero se le ocurrió quitarle la mordaza y al hacerlo se desprendió parte del labio superior. El corte se lo había arrancado de cuajo. Pese al insoportable dolor, el doctor habló:

—No sé quién eres. Si quieres dinero, tengo mucho. Déjame libre —su voz demostraba mucho miedo. Aquel loco había demostrado con creces que era extremadamente violento.
—Es gracioso. Ustedes los ricos lo arreglan todo con talones. ¿No se da cuenta de que esto no tiene nada que ver con dinero? Es mucho más sencillo. Se llama justicia.
—No soy rico. Sólo soy un doctor que se gana la vida buscando soluciones para enfermedades.
—¿Llama solución al «Bidromex»? —le gritó en el oído derecho—. Porque yo no lo veo así...
—¿Cómo sabe lo del medicamento bioregeneratorio? —interrumpió el doctor—. Era algo experimental bajo secreto y supervisión del laboratorio.
—Veo que va refrescando la memoria, doctor. Le voy a enseñar algo. Quizá así lo recuerde todo, porque la verdad, ya me estoy cansando de tanto juego —se echó la mano a la cabeza y se quitó la bolsa de papel que le cubría el rostro—.

Cuando su cara quedó al descubierto, el doctor solo vio una masa de grasa indefinida. No se sabía donde empezaban los ojos ni donde estaban la nariz o la boca. En realidad era un un rostro más bien típico de un escena de muertos vivientes.

—¿No le gusta lo que ve, doctor? —gritó enfadado—. ¡Esta cara es su obra de arte! Fui la cobaya de su experimento —la confesión despejó la mente del doctor.

—¿Tom? —preguntó sorprendido a la vez que asustado.

Antes de que recibiera respuesta a su pregunta, el agresor le propinó un fuerte golpe en la cabeza con la empuñadura del cuchillo. Quedó inconsciente. Carapapel se iba a tomar debido tiempo para consumar su venganza.


sábado, 6 de abril de 2013

CARA DE PAPEL 01 - Puesta en escena



CARAPAPEL es un producto de mi imaginación. Un personaje que me ayuda a testar historias un poco violentas. Su misión es la de echarme una mano en el nuevo proyecto (de largo plazo) en el que ando metido. Aquí tenéis una pequeña parte de su primera aparición en escena. CARAPAPEL es un cruel asesino. Ayuda a mi imaginación con sus fechorías.


“Duerme expectante como si hoy fuera tu última noche”. Hasta ese momento las amenazas que recibía las había considerado como una broma. ¿Quién querría hacerle algo malo a un científico que estaba desarrollando una vacuna contra el cáncer? Creía que era imposible que los anónimos fueran dirigidos a él, pero esa última misiva le preocupó. Descolgó el teléfono para llamar a la policía y presentar una denuncia, pero pronto descubriría un motivo para preocuparse aún más: no había línea. El móvil que había dejado justo en la mesa del recibidor tampoco estaba, había desaparecido. 
¿Había alguien? Empezó a sentir pánico. Salió al jardín en busca de Darius, su perro doberman que se encargaba de que nadie pudiera husmear por allí. “Darius, ven. Darius”, el perro no acudió a la llamada de su dueño. Siguió buscándolo y al final lo encontró, pero ojalá no lo hubiera hecho. El cuerpo del animal apareció sobre un enorme charco de sangre, horriblemente decapitado. Salió corriendo para huir del lugar, pero sus delicados zapatos italianos le hicieron resbalar y cayó dentro de la piscina. Cuando salió de la piscina, se dio cuenta de que el agua  no tenía su color cristalino habitual, estaba tintada de rojo. Entonces descubrió la cabeza del noble Darius, sumergida bajo el agua con los ojos en blanco Ya no pudo aguantar la situación, vomitó. Sin que se diera cuenta, alguien se le acercó con cautela por la espalda. Lo llamó por su nombre, “Dr. Robert”. Cuando se giró un martillo lo golpeó con violencia en la cabeza. Cayó a tierra inconsciente.

lunes, 1 de abril de 2013

VACACIONES DE PASCUA 2013

Todo se termina. Lo bueno,  a diferencia de lo malo, se esfuma lo más rápido posible. Es como ese bonito sueño que desaparece cuando uno se da cuenta de que no es realidad.
Estas minivacaciones las teníamos bien merecidas. Que se lo pregunten a mi mujer, que ya empezaba a estar harta de mi resoplar tipo olla express. Hemos desconectado, que es de lo que se trataba. Hemos jugado, corrido, reído con nuestros hijos. Estas pascuas me han recordado a las de antes, perdidos entre la montaña comiendo longaniza de Pascua y con la pañoleta de la penya puesta en el cuello. Ha sido placentero ver disfrutar a los niños corriendo por el Camping Playa Tropicana de Alcocebre, tirar piedras a la playa o verlos brincar en los columpios y toboganes. Verlos dormir como nunca, cansados por la jornada, me ha abierto los ojos ante lo que somos en esta vida: seres vivos capaces de disfrutar de la vida con lo mínimo posible, una sonrisas.
Ahora empezamos la rutina, para la que estamos programados el resto del año, esperando una nueva oportunidad para desconectar la máquina y centrarnos de nuevo en lo que verdaderamente importa: la familia.

¡Feliz de poder disfrutar con los míos!