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viernes, 13 de diciembre de 2013

ANEXO



Qué tendrán tus oídos,
que aguantan mis palabras,
o tu mirada, sincera,
que alimenta mi orgullo,
haciéndome sentir erguido,
ante las penurias.


Cuando te hablo,
dejas de ser una confidente;
eres algo más importante,
eres un anexo encajado a mi vida,
que hace fluir mi existencia,
y por eso te agradezco tu paciencia,
por soportar la pereza de mi vocablo.


Si nunca antes dije «te quiero»,
es porque tú ya lo intuyes.
A veces las palabras quedan mudas,
y el corazón se encarga de reponerlas.