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viernes, 26 de abril de 2013

VIVIR EL MOMENTO





     A pocas millas de la costa, en aguas del Mediterráneo, una pequeña barca fondea. El sol matutino queda inmenso en el océano. Así lo hace ver su reflejo sobre el agua. Un hombre y una mujer se miran con deseo.
     —¡Qué tranquilidad se respira aquí!
     La agarró por las manos. Acarició con delicadeza su piel.
     —La misma que me transmite tu mirada, cuando estoy a tu lado.
     Entonces nació un beso, que fue multiplicándose a cada segundo que pasaba.
     —¿Crees que lo nuestro tiene futuro? —preguntó ella con voz temerosa.
     Se hizo el silencio, pero pronto se rompió por culpa de una ola que golpeó con fuerza la barca.
     —Durará todo el tiempo que tenga que durar. Ni un minuto más, ni un minuto menos. Durará como ese amanecer, con sus amantes revolcados sobre la arena de la playa. Todo es cuestión de tiempo. Mientras tanto disfrutemos del momento.
     Descorchó una botella de vino espumoso. Pegó un trago directamente de ella.
     —¿Quieres? —se la ofreció.
     Se quedó asombrado. Ella se quitó el jersey, dejando que sus pechos disfrutaran de la brisa marina. No llevaba sujetador, no tenía intención de usarlo. Cogió la botella y derramó el vino sobre sus pechos. Las burbujas le hicieron cosquillas, sonrió:
     —Entonces aprovechemos todo el tiempo que podamos. ¡Bebe de mí, amor!
     Se embriagaron. Pero no fue por culpa del alcohol, sino a causa de ese sentimiento al que los amantes llaman «pasión».